El capricho


La belleza era su mayor bendición, pero también su maldición.

Nunca he sido una gran fan de coches, pero alrededor de los 18 años, cuando la vi por primera vez, todo cambió. Me sentí arrastrada por la velocidad, la sensación de poder, de infinito y sobretodo por estar rompiendo barreras.

La vi en la calle, aparcada delante de uno de los hoteles de la marca Hilton. Y supe que tenía que ser mío, ése o cualquiera. Por aquel entonces no sabía nada sobre coches, así que tardé en averiguar que el nombre de aquella preciosidad era BMW M6. Era dorada y tenía que ser mía. Iba a ser mía. Costaba demasiado como para comprarlo con la mierda de trabajo que tenía y me obsesioné tanto con ella que sólo me quedaba una opción: robarla.

No tendría por qué ser dorada, sólo quería ese modelo, luego ya le daría yo mi toque de varita. Lié a mi mejor amigo para que me ayudara y nos pusimos manos a la obra. Yo era una hacker de puta madre y conseguí hacerme con la dirección de alguien que vivía en la ciudad vecina con mi futuro coche. Él trabajaba en el negocio familiar de mecánico de coches. Recuerdo despertarme todos los días a las 5 para ir a correr antes de ir a la universidad, después del trabajo me pasaba horas perfeccionando el plan. Sólo era un coche, pero era mi vida, lo necesitaba. No sabía exactamente por qué, pero sabía que aquella maravilla me traería la tan deseada estabilidad.

Fue un viernes a la noche, Martín y yo nos las habíamos ingeniado para entrar a modo de camareros para la fiesta que daba el dueño del M6. Estábamos dentro, pero nos hacía falta llegar al garage, hacer que ninguna alarma saltara y salir de la gran casa sin ser vistos. Todas las películas de robos, atracos y locuras del estilo pasaban por mi mente.

Ahora lo recuerdo todo como si hubiera pasado en unos segundos pero en su momento cada respiro se me hacía eterno. Llegar, ponernos los uniformes, ir de la cocina al hall donde todos los invitados hablaban, comían y bebían. En los diez minutos de descanso Martín y yo desaparecimos rápidamente para ir a inspeccionar la seguridad por la zona del garage. Sólo un guarda fumándose un pitillo. Martín era un palillo y yo era una mala leche que levantaba a la mano a la mínima pero de ahí a dejar cao a un guarda, había un trecho.

– ¿Tú no hiciste kárate? – le pregunto a Martín.

– Sí, hace diez años – contesta en un susurro.

– Pues haz algo.

– Atacamos los dos a la vez…

– ¡Espera, espera! – puse la mano para que no se precipitara a atacar al guardia – voy yo, le distraigo preguntándole algo y luego vas tú y lo dejas frito.

Hizo una mueca pero asintió. Me había puesto unas lentillas verdes para disimular el marrón de mis ojos y me había rizado el pelo. Todo iba sobre ruedas, tenía que ir, debía ir… estaba tan cerca de mi M6… Tres minutos después Martín y yo entramos al garage. Si no me caí para atrás fue porque me estaba apoyada en la pared. La luz no estaba dada, pero una colección de alrededor de 20 coches era lo que ocupaba el garage.

– Vaya hijo de puta… seguro que le quitamos el M6 y ni se da cuenta.

– Esto para él seguro que es calderilla ¿en qué trabajará?

No dijimos nada, sólo nos paseamos por entre los coches acariciándolos, hasta que llegué a mi amado BMW, era rojo y por un momento creí que me sonreía. Parecía el coche más imponente de todos, luciéndose sobre una pequeña plataforma y rodeado por girnaldas de colores.

– Es perfecta – susurré.

– Han pasado ya casi 20 minutos, dentro de poco comenzarán a buscarnos – dijo Martín sacándome de mi ensimismamiento.

Busqué mi móvil con el cual iluminar el garage.

– ¿Por qué crees que el M6 lo tiene más apartado? – inquirió él.

– Porque la belleza de su coche es una maldición para el dueño. Mira, ahora mismo está a punto de cambiar de manos – le saqué la lengua.

El muy idiota del dueño tenía una cajita en el lado izquierdo del garage donde colgaban las llaves de todos los coches. Martín cogió las del BMW y yo hice los honores.

– Date prisa tía.

Pero me tomé mi tiempo, queriendo disfrutar de absolutamente todos los detalles de mi primera vez. Abrí la puerta y deslicé mi mano por el volante, acariciando el interior, tan duro y terso, cerré los ojos y respiré el olor de mi coche, por fin, mi coche.

Martín se subió a mi lado y dio un portazo.

– O nos vamos ya o nos mandan a la cárcel.

Noté cómo el motor rugía como si estubiera ansioso por ser liberado y apreté el acelerador. Cierto, cierto, puede que parezca una locura, que con todos los coches que había allí y lo poco acostumbrada que estaba a conducir esas maravillas me tendría que haber estrellado contra alguno pero, se ve que ese día la suerte estaba de mi parte.

Entonces llegaba la parte gorda del plan. Cómo salir de la mansión. Seguramente ya estarían buscándonos así que tenía que ser rápido. Evidentemente habíamos planeado todo, pero cuando llegamos a la salida y vimos al guardia de seguridad en su puesto y no dormido como solía estar, se nos cayó el mundo encima. Di marcha atrás y Martín comenzó a tener un ataque de pánico.

– ¿Quieres dejar de respirar así? ¡TENGO QUE TRANQUILIZARME! – grité fuera de mí.

En una película habrían saltado por encima de la valla y sonreído regodeándose por ser tan gilipollas. Pero en la vida real, si hacía eso jodería mi pequeña maravilla, así que tenía que pensar en otra cosa.

Fue a Martín a quien se le ocurrió, una idea de lo más tonta: salir de allí bajo el pretexto de que a él le estaba dando un ataque, y que el dueño de la casa nos había dejado el coche porque así llegaríamos antes al hospital para salvar su vida.

Y la estupidez funcionó, me sentí un poco mal haciendo que aquel pobre hombre se pusiera tan nervioso al ver la pálida cara de Martín, pero salimos.

Libertad… bajé la ventanilla para poder respirar y acaricié mi coche. Fuimos directos al taller de Martín donde le cambiaron la matrícula y ordené que lo pintaran de dorado… y durante años fue lo único que hice, ir en coche, pasearme en coche, ligar con/en el coche. ¡Mi adorada BMW M6!

Lo peor de todo es que últimamente estoy encaprichada con un Mercedes slk 200…

bmw-m6-cabrio-0.jpg

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11 pensamientos en “El capricho

  1. Mun dice:

    Lo que se llega a hacer por un “capricho”… 😛 Me ha recordado a “60 segundos” 😀 El relato en sí me ha gustado, entretenido y con una redacción muy personal y natural.
    Un besote,
    Mun

  2. Klover dice:

    Un relato original y con soltura ^^ Un besote!

  3. Queralt dice:

    Muy original, me ha gustado.
    La idea, el desarrolo, el rítmo, me ha gustado mucho.
    Con su toque casi surrealista, ¿no? Te ha faltado un poco de sangre para que hubiéramos podido ver algo casi al estilo Quentin… jejjeje
    Hacía mucho tiempo que no os leía y la verdad, despacio porque no tengo mucho tiempo, pero me lo estoy pasando muy bien.
    Gracias por tu comentario. Me gusta que os guste… jejejje

    Helado de cerezas y un besazo.

    Queralt.

  4. Yolanda dice:

    Me he reído mucho, me ha gustado también y, no me extraña que me repases mis escritos si escribes geniallllllll.Besitos

  5. ninive dice:

    Y no estás muy contenta?? Ah eso porque solo se llevó uno del garage eh ? 🙂
    Es diferente a lo que te he leido igual descoloque un poco pero por otro lado lo escribes tan natural que es que tenía que salir bien el robo! Como bien dices en las pelis sofistican todo y tú conviertes un robo en un acto de solidaridad con un enfermo. Y es que hacer el bien tiene que salir bien!
    A mi me parece un relato bien conducido, sin trabas en la lectura y que sin darnos cuenta llegamos al final y claro, ya podrías conduciendo ese cochazo!! 🙂
    Enhorabuena Scry!
    un abrazo

  6. karina dice:

    amo la linea bmw y estoy totalment segura q soy kpas d ir a la krcl por el

  7. zabdiel dice:

    coprar un bmw

  8. Rafael dice:

    Amo los BMW, bueno los serie 3 mas, pero tu relato fue increible el trama medio enredado, pero muy bueno.

  9. fally dice:

    amo la linea bmw y estoy totalment segura q soy kpas d ir a la krcl por el

  10. wilber dice:

    que lindo carro tienes regalamelo jajaja

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