El capitán


Una semana después de su muerte, una mañana me ocurrió una cosa extraña: ¿y si habían asesinado al Capitán Rickie? Nunca había sido el pirata más salvaje de la tripulación y algunos veían éso como signo de debilidad.

Por supuesto que el capitán tenía que ser el terror de los mares, pero el ser salvaje iba de la mano con ser imprudente y un bestia. Tampoco nos podíamos permitir perder a todos los marineros por las ganas de oro del nuevo capitán.

Salí de mi camarote en dirección a proa, desde allí habíamos lanzado el cuerpo del capitán, en un bote con el primer tesoro que Rickie encontró en su juventud. Yo todavía no había topado con ningún tesoro, si moría lo haría vacío, nada a mi alrededor desvelaría que alguna vez fui un pirata a bordo del Galeón, la nave más potente y rápida jamás pilotada por piratas. Miré al horizonte, intentando recordar algo que probara que el capitán había sido asesinado. Claire, su hija, había estado allí cuando le cambiaron la ropa para vestirlo con lo mejor de su armario. El único de todo el barco que tenía conocimientos médicos era Samuel, le habíamos recogido en una playa italiana, decía venir de ninguna parte, un ciudadano de la tierra. La verdad es que había salvado ya a 5 o 6 marineros de una muerte segura. Me había tomado a mí como aprendiz ya que era el último a bordo y no me había especializado aún en nada. Los cuchillos se me daban bien, pero ésa no era excusa para que Whiteman me instruyera en su arte de matar. La medicina exigía de cuchillos, mucho más finos que los que utilizábamos en batalla, pero precisión al fin y al cabo. Claire también estaba a las órdenes de Samuel. Ayudaba en la cocina a Jak, el cocinero, pero en su tiempo libre se unía a nosotros. Samuel le repetía una y otra vez los remedios sanadores para que Claire pudiera recitarlos de memoria y aplicarlos más tarde.

¿Quién podría haber matado al capitán? No le dije nada a nadie, pero me pasé varias horas observando a la tripulación mientras poníamos rumbo a África. Whiteman y Rickie nunca había hecho muchas migas, pero de ahí a matarlo… Si le hubieran envenenado habría tenido la lengua negra y no la tenía, ni sangraba por ningún lado, así que nada de heridas de arma blanca. Puede que hubiera muerto de un modo natural. Y entonces…

Salí corriendo hacia la cocina, Claire había inspeccionado el cadáver mejor que nadie, después de todo era su padre.

– ¡Muchacho! ¿A dónde vas con tanta prisa?

– ¡Billy, que corriendo no llegaremos antes a África!

– ¡Mocoso, cuidado por dónde andas!

Seguía corriendo, haciendo caso omiso de los gritos de sorpresa de los piratas con los que me cruzaba. Me veía agobiado. No había tiempo. Rickie necesitaba descansar en paz y para ello, tenía que averiguar cómo y porqué había muerto.

– ¡Claire!

Se encontraba cortando verduras sobre una tabla de madera. Jak no estaba en la cocina y había dos pucheros enormes, en los que bullía la comida para el almuerzo.

– Tengo que hablar contigo – dije en un susurro acercándome a ella. Siguió cortando verduras como si no me hubiera visto ni oído, muy típico de Claire. Tome aire y lo solté – No estoy seguro de que tu padre muriera de una muerte natural. Creo que le asesinaron.

Por primera vez levantó la mirada, esperaba que reflejara sorpresa, pero estaba muy seria.

– Yo también lo creo.

– ¿En serio?  – no me esperaba que su reacción fuera a ser ésa.

– Tenía una mordedura en el cuello – se pasó los dedos por el cuello, justo debajo de la oreja – como de vampiro.

Joder. Bufé. Claire era una fantasiosa. Yo necesitaba que recordara un dato interesante, algo que pudiera sostenerse, algo que mostrar a Samuel.

– ¿Por qué no me crees? ¡Los vampiros existen! ¡La prueba es la muerte de mi padre! – comenzó a elevar el tono y le pedí que se calmara.

– ¿Y si tan segura estabas, por qué no nos dijiste nada a Samuel o a mí?

– Me habríais dicho que podría ser la picadura de una araña o cualquier otro insecto.

– Porque podría serlo – hablar con Claire sobre temas serios siempre hacía que me acabara enfadando con ella.

– No. Le hice la prueba. No reaccionó la piel. La herida estaba limpia. La mordedura es de vampiro.

– Ésto es absurdo.

Me di la vuelta para salir de la cocina pero que Claire no protestara llamó mi atención.

– ¿En serio lo crees?

Asintió.

– ¿Que además de que existen los vampiros, hay uno aquí?

– Sí, Billy, creo que existen y que uno de ellos mató a mi padre.

Se había enfadado, tenía las mejillas rojas y se le habían crispado las manos.

– Intentaré hacerme cargo de la situación.

Si había sido asesinato, alguien querría el poder que Rickie había dejado a su paso. Quienes salieran como posibles candidatos a ocupar el trono de capitán, serían sospechosos.

Aquella misma noche, varios nombres comenzaron a ir de boca en boca: Whiteman, Samuel y – para sorpresa de la mayoría – yo mismo. Había gato encerrado. Que yo saliera como candidtao era muy sospechoso, alguien sabía lo que yo tramaba e intentaba que cargara con la culpa. Claire estaba a dos mesas de distancia y cuando le dijeron que yo podría ser capitán, creí haberla perdido para siempre. ¡Yo no era ningún vampiro! ¡Era aprendiz de médico! De médico… Samuel. Venido de ninguna parte hacía tres o cuatro años. Conocimientos médicos y sanadores. Siempre tan pálido, nunca a la luz del sol…

Me levanté de golpe y recorrí los pocos metros que nos separaban a Claire y a mí. Le conté mis suposiciones.

– Samuel… – murmuró Claire mientras le miraba. Estaba sentado en el otro extremo de su mesa. Él nos miró y noté cómo ella apretaba mi mano con más fuerza. Lo sabía. Sabía que lo sabíamos. Busqué a Whiteman con la mirada, pero no le vi en ninguna parte.

– Está en su camarote – respondieron ante mi pregunta.

– Vamos a hablar con él, sabrá qué hacer mejor que nosotros – le susurré a Claire al oído.

Se rió coquetamente y le seguí el juego. Apuré su vaso de vino y los dos nos fuimos por el pasillo de la derecha. Cuando estábamos lejos de los gritos de los piratas borrachos, echamos a correr. Al llegar al pasillo en el que se encontraba el camarote de Whiteman, vimos la fina figura de Samuel esperándonos. No podía ser. Era imposible que nos hubiera adelantado, le habríamos visto.

– Así que habéis descubierto mi pequeño secreto. Ahora tendremos que llegar a un trato.

Ni Claire ni yo hablamos.

– ¿Quieres llegar a ser capitán? – durante unos segundos no dijo nada y luego volvió a preguntar – ¿Alguno quiere ser inmortal?

Claire me agarraba muy fuerte la mano, casi ni la sentía.

– ¿Por qué le mataste? – dijo la muchacha en un hilo de voz.

– Poder, pequeña Claire. Casi más deseoso que la sangre de un humano. Y por supuesto mucho más eficaz. Imaginad… el Galeón, lleno de piratas inmortales. Seríamos los reyes de todos los mares y océanos.

Pensamientos de un loco. Teníamos que huir. Antes de que Samuel pudiera reaccionar, le hice un gesto a Claire para que echara a correr hacia la salida. Yo me quedé ahí plantado y Samuel sonrió.

– Quizá sí que tenías el valor para haber sido discípulo de Whiteman.

Ladeé la cabeza.

– ¡Tierra a la vista! – gritaron.

Los vítores que siguieron al aviso me dieron tres segundos para salir corriendo detrás de Claire. No miré hacia atrás, porque tenía miedo de no encontrarme a Samuel, éso querría decir que tenía otro modo de desplazarse que no fuera andando o corriendo como nosotros. Todo era una locura. Llegué a proa y me asomé, mirando el horizonte, donde se distinguía las formas de tierra, de suelo firme, lugares donde atracar, robar oro y comer bien. Claire apareció a mi lado. Allí estábamos más o menos a salvo la mayoría de la tripulación se encontraba a nuestro alrededor, Samuel no podía atacarnos en medio de todos los piratas. Notamos sus brazos alrededor de nuestros hombros, una milésima de segundo después de sentirnos a salvo. No podríamos escapar nunca.

– Siempre soñaréis con huir…

Se apartó de nosotros y se alejó silbando.

– Saltemos – sentencié.

Claire me miró asustada. A nuestro alrededor piratas borrachos celebraban la cercanía de una nueva conquista en la tierra. Todavía estaríamos a un par de kilómetros de la costa, tal vez más. Podríamos morir si saltábamos ya, teníamos que esperar a acercarnos más. Busqué a Samuel con la mirada, ya no podía verle a nuestro alrededor.

– Yo esperaría a que el barco nos acercara más.

Asentí de un leve movimiento de cabeza. Estuvimos paseando de un lado a otro mientras la ansiedad nos atormentaba. Se me pasó por la cabeza ir a mi camarote y coger ropa, o quizá Claire tuviera dinero en el suyo, un poco de comida de la cocina… Para cuando mi indecisión se esfumó la playa estaba a unos 200 metros. Era ahora o nunca. Agarré la mano de Claire y me olvidé de todo, íbamos a salvar nuestras vidas. La ayudé a subir y ella se agarró a la sirena que había al frente de la embarcación, subí detrás de ella. Teníamos que saltar a la izquierda para poder echar a nada y salvarnos de ser arrollados por el Galeón.

– ¡Jóvenes, pero qué hacéis! – un pirata a nuestro lado, Alture, sentado en una taburete con un vaso de whisky en la mano nos miró divertido – Os acabaréis cayendo – se rió.

Por el rabillo del ojo vi a Samuel pasando entre la gente, viniendo hacia nosotros demasiado rápido para ser humano, pero no lo suficiente para alcanzarnos.

– ¡Dentened a Claire y a Billy!

Vi a Alture levantarse, mareado e intentar andar los dos metros que nos separaban en línea recta, no hubo manera. Claire y yo saltamos. Cuando estuve a una buena distancia me giré sin dejar de nadar y vi a todo el mundo asomado, distinguí la pálida figura de Samuel en una esquina, en silencio, mirando hacia nuestro dirección. Me di la vuelta y proseguí mi huida con aún más aínco.

Llegamos a la orilla extenuados. Por un momento creí que moriríamos antes de llegar. Nos sentamos en la arena a observar el barco.

– ¿Me prometes que ahora todo irá bien?

– Te lo prometo.

Por supuesto que era mentira. ¿Cómo iba a ir algo bien? No teníamos dinero. Éramos piratas. Huíamos de un vampiro. Nuestros amigos y aliados iban en el Galeón, nuestro hogar desde hacía 20 años. Pero estábamos vivos y éso era lo importante.

¿No?

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5 pensamientos en “El capitán

  1. Sechat dice:

    No dejas de asombrarme con tus exquisitas descripciones de detalles en personajes y paisajes. Consigues siempre que viva tus historias como una secuencia de imágenees de una película. ¡Enhorabuena por esa mezcla sorprendente de personajes tan dispares: vampiros y piratas sin destruir la magia del relato!

  2. Lahistoriadenadie dice:

    Yo también me quedo asombrada. Haces que me sienta parte de la historia…
    Te felicito, no dejes de escribir y crecer haciéndolo.

  3. ninive dice:

    La imagen del grumete al final del relato contemplando el futuro,piratas,vampiros,las autoridades,sin un centavo,era para albergar pocos ánimos,pero no solo estaban vivos,se tenían. Creas una historia a raíz de otra,mezcla de géneros,conspiración y asesinatos,terror y aventura,y por supuesto el amor.
    Has de continuarla!
    Muy buen guión 😉
    un abrazo

  4. sara dice:

    Lo bien narrada que está la historia unido a lo muchisimo que me gustan las historias de piratas… pues eso, que un aplauso para ti! 😉

  5. Oski dice:

    Vaya, vaya, que gran giro le has dado a la historia. PIratas, vampiros, todo en la misma trama para darle al relato un toque muy original con una buena redacción.

    Me ha gustado y creo que podrían salir más partes ¿tú no?, sería un placer leerlas todas.

    Un abrazo.

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