Crítica: Revolutionary Road


Salí del cine muda. Lo único que repetíamos Publicista y yo era “qué fuerte” “es que no hay palabras” “bufff… ¡qué fuerte…!”

En este caso hay que besarles los pies a los dos actores principales. No es tanto el guión, o la dirección, o los decorados, luces, o planos lo que te hace llevarte las manos a la boca. Son Leonador DiCaprio y Kate Winslet.

La historia, la trama, ese no sé qué me dejó muy pensativa durante días. Porque esta película cuenta nuestra historia, la de todos nosotros, tan especiales, o tan comunmente iguales y maravillosos. Éso que brilla a nuestro alrededor y hace que todas esas miradas y cuchicheos se produzcan cuando comentamos algo. Porque nosotros aparentemente tenemos éso, éso que los demás no tienen. Aparentemente.

Los protagonistas de esta historia pensaban tener esa atracción y don para enamorar al resto, pero tuvieron hijos, compraron una casa, se ataron a un trabajo, siguieron el camino de lo llamado rutina, que encanta a algunos, pero no a April (Winslet) que espera que algo cambie de repente, haciendo que esa vida de un giro de 180 grados y fuera feliz. Así que decide coger el toro por los cuernos y propone a su marido irse a vivir a París. Ella trabajaría mientras él piensaría a qué se quiere dedicar.

Y durante un verano, su sueño se hace realidad, planean todo, ponen la casa a la venta, su vida vuelve a ser feliz, se quieren, dejan de discutir.

Me gusta el papel de John Givings, interpretado por Michael Shannon. Es el loco de la película, quien dice todo lo que se le pasa por la cabeza, quien va conduciendo al espectador al punto de la verdad, el que revela lo que realmente ha sucedido con la pareja, porque al ser un loco, tiene permisos para soltar todas esas verdades, que nosotros, como simples mortales, no estamos permitidos a decir, sólo por respeto.

Hay una escena en la que se ponen a discutir DiCaprio y Winslet. Ella está muy furiosa, fuera de sí, él está dolido por toda la situación. April Wheeler comienza a reírse, dominada por un brote de locura ante lo que su marido le plantea, y acto seguido vuelve a ponerse la máscara del odio y sigue gritándole. Ese momento, ese preciso momento en el que Kate pasa de reír a la afornía del odio, es increíble. Es maravilloso. Como para coger todos los Óscars de la academia – y da igual qué premien -, pero dárselos todos a ella por esa discusión.

Y salí del cine y no paraba de preguntarme si yo también sería así. Viviendo siempre con el sueño y nunca realizándolo, por miedo. O sí podría realizarlo, con un valor sacado de algún polvoriento lugar. Hay tantas cosas que contar sobre esta película y no hay suficientes palabras para describirla. Una imagen vale más que mil palabras, así que ya sabéis.

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Un pensamiento en “Crítica: Revolutionary Road

  1. Estoy súper de acuerdo contigo, es LA PELÍCULA del año pasao, la que debería haber triunfado en los Oscar =(

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