Empecemos a contar


Primero hablaré de cómo he crecido, poquito, lo justo y necesario, cómo he madurado y he abierto los ojos.

Todo aquel que se iba de Interrail volvía diciendo que era fabulos, increíble, irrepetible. Yo lo que tenía muy claro era que ése no iba a ser nuestro caso.  Sí, bien nos lo íbamos a pasar fijo. Pero era imposible que fuera a ser para tanto.

Nuestro recorrido por Italia confirmó mis sospechas. Aquella milonga de que Interrail era para conocerse a uno mismo era una mentira, lo que se conseguía en aquel viaje era conocer a la perfección a tus amigas. Había dos de las cinco que fuimos que ya me las conocía como la palma de mi mano pero descubrí más sobre Julieta y Kukaa, algunas cosas para bien y otras para mal.

Luego llegamos a Mykonos, cumbre de la sabiduría, donde había filósofos disfrazados de camareros y cocineros, donde los músicos eran la vida de la isla y los jóvenes gobernábamos el lugar. Allí fue donde me di cuenta de que sí, que me tenía que tragar todo aquello que había dicho. Todas esas conversaciones mientras los mosquitos nos arrasaban las piernas eran para plantearse de nuevo nuestra forma de pensar. En Mykonos los días no eran días, eran momentos que pasaban, el tiempo corría sí, pero no había nada que lo midiera, todo era demasiado sencillo, místico y humano. Empecé a ver borroso porqué soy quien soy, qué veo (¿veía?) en Ordinary Boy, ¿qué había en mi casa que la hiciera hogar?, todo era tan lejano que era difícil ser objetiva.

Hubo una conversación que tuvimos sobre música, que podría plantearse a todas las artes, comentaban que todos los artistas tenemos un panorama triste y gris, la pasión mueve mareas, pero al parecer no afectan al resto. Uno de los suizos dijo que había que ser de mente abierta, aprender de todo, saber que estás limitado por tu cultura, pero por encima de todo tener principios, ya que si no los tienes, estás perdido. Las bases no pueden cambiarse, deben permanecer del mismo modo para que siempre sepas quién eres estés donde estés y vayas donde vayas.

Ahora entiendo a mi mejor amigo cuando huía del hogar, es la gente de siempre, con las ideas de siempre, con lo mismo de siempre. Al principio era difícil estar sin éstas, nos habíamos convertido en una extensión las unas de las otras, distintas personas unidas por un cable invisible e invencible. Ahora cuando Julieta está con el novio, Kukaa se pasa las tardes en el curro y las otras tres nos hemos mezclado con la gente que se ha quedado aquí no veo esos lazos tan fuertes, están ahí, supongo, pero no los veo.

Cuando volvimos de Interrail tenía la sensación de haber perdido algo en el viaje, había dejado algo en Mykonos a cambio de algo, un trocito de alma había sido arrojado al fondo del mar cuando yo no me daba cuenta y yo había ganado mucho más que éso.

También me enamoré, pero éso es otra historia…

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Un pensamiento en “Empecemos a contar

  1. Synn dice:

    A veces asusta conocer a la gente. No saber qué te encontrarás, pero es un paso importante.

    Sigues dándome mucha envidia. En mi vida podré hacer un viaje así, me estoy haciendo mayor y no hago nada…. sniffff!

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