Se va


He vuelto a Neighbourhood. No me gusta estar aquí. Había decidido venir en Navidad, y ya hace unos diez días que me arrepentía mucho de haber cogido billete de avión para venir. Ya notaba que un mes sin mi gente iba a ser demasiado, pero la inmensa mayoría vuelven a sus casas, así que tampoco sería el fin del mundo.

Este finde tenía que estar en París con Kukaa, pero hay un cambio de plan repentino de la noche a la mañana y Kukaa me dice que no viene. Madre me había llamado el jueves por la mañana diciendo que mi abuela estaba en el hospital muy enferma, que seguramente no saldría de ésta. Si Kukaa no viene a París, yo he de volver a la tierra.

Y vuelvo. Pero Neighbourhood no ha cambiado nada. Y yo sí. Durante el vuelo de Cardiff a Charles de Gaule, y de ahí a Bilbao, no paraba de pensar en Chris, en Céline, en Corinne… pero sobretodo en Chris.

Tengo la impresión de que me he dejado algo en Swansea, un vacío muy molesto en el pecho, en mitad del torso. Salir de un Gales gris, lluvioso, verde, muy verde. Y llegar a una noche de Bilbo, donde los 22 grados pendían del cielo, calor. Yo ya no sé lo que éso. Y las calles están iguales, ¿cómo puede seguir todo igual si mi mundo ha cambiado tanto?

Me había pasado medio jueves llorando, primero hablando con Ordinary Boy (que ahora resulta ser mi mejor amigo), luego en Bryn-y-mor tomando unas cervezas (yo demasiadas, la verdad. Necesitaba alcohol, así que pedí una cerveza tras otra hasta que cerraron la barra). Céline le explicó a Chris qué pasaba, cuando salí del baño después de llorar, cogió y me abrazó. No me soltaba. No me soltó en toda la noche. Me acompañó a casa y no me soltó. Me tuvo en sus brazos durante una hora en mi portal, no volví a llorar y dejé que me contara historias de sus abuelos, de verano, le conté lo vacío que estuvo mi abuelo la Navidad pasada, cuando ingresaron a mi abuela, y él se sentaba en el salón, esperando. Esperaba que pasara el tiempo, que pasara rápido para poder irse él también.

Hoy he ido a visitar a mi abuela. No paraba de pensar en Six Feet Under, cuando muere Ruth, no pensaba en ninguna otra muerte, sólo en la de Ruth. La señora que estaba en la cama de mi abuela no era ella. Mi abuela siempre ha sido de lengua viperina y carácter agrio, como yo supongo. Demasiada sinceridad en la punta de la lengua. Tenía la cara hundida, el cuerpo hundido, sigue siendo gordita y tiene color en la cara… pero parece que poco a poco se está deshinchando.

Evito llorar, porque nunca me gustó llorar, después de todo la muerte forma parte de la vida, no hay nada tan seguro como éso. Y nunca fui la mejor amiga de mi abuela, ni iba a verla todos los domingos… pero la pena es algo inexplicable, o quizá sea el amor. Y la falta de Swansea, y las manos de Chris que me agarran para que no me hunda.

Chin up me dice.

Chin up.

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