Cuando el norte y el sur se enamoraron


Es ridículo estar en esta situación, pero no vamos a darle más vueltas a ello. Dije que era absurdo comenzar una relación estando de erasmus y ahora estoy en medio de una.

Afortunadamente no soy la única, y mi amiga Barbara y yo estamos en la misma situación. Claro que ella lleva tres veces más que yo con su novio, pero los dos son alemanes. Y ninguna de las dos hablamos el idioma, ninguno de ellos habla castellano como nosotras. A las dos nos queda otro año de carrera antes de poder ser libres y hacer lo que nos da la gana y vivir donde sea. De hecho ella ahora vive en Italia, y cuando volví de Barcelona hablamos de irnos a vivir allí las dos juntas.

Ella ya sabe que cuando acabe el erasmus seguirá con su novio, yo no sé nada. Y Kukaa y yo tenemos una ley que no hay que quebrantar nunca: NO PREGUNTES. Nunca, nunca, nunca. Porque cuando preguntamos, es cuando nuestro príncipe azul se convierte en demonio y una relación que iba estupendamente, pasa a ser un horrible desastre porque nosotras queríamos ponerle una etiqueta. Las etiquetas, son una chorrada, lo sabemos, pero nos sentimos más seguras con ellas, será cosa de mujeres. Pero yo no quiero preguntarle por el presente, sino por el futuro. ¿Seguiremos? Yo, Miss Optimismo, lo veo negro. A ver, realismo: ya comete diez mil errores (que yo corrijo al momento) al hablar inglés, como para ponerse a hablar castellano. O yo alemán, con lo difícil que es… imposible. Si pregunto qué será de nosotros a finales de junio, y él contesta a la negativa, soy yo la que se va a amargar. Y no me quiero empezar a amargar desde ya. Él se va a quedar a vivir en Swansea hasta abril 2011, ni tan mal hasta entonces, podría ir a verle y él venir a Bilbados. ¿Y luego? ¿Cómo hago luego?

También le tengo pánico a la palabra boyfriend. Un pánico atroz. No he tenido una relación… ‘decente’ desde Querido Nadie, y éso nos lleva a… 2005-2007. Hace trescientos años. Y ahora estoy practicamente viviendo en casa de Herr Alemán. Sé que somos novios. De hecho fue él quien utilizó la palabra primero, cuando refiriéndose a mí dijo my girlfriend says… Ayer nos encontramos con una chica de mi clase que iba con un chico, yo iba con Herr. Nos damos dos besos, hace mucho que no nos vemos, ella no ha podido ir a clase por lo del volcán. Y de repente me dice:

– Ah, éste es mi novio, Lucca.

Le estrecho la mano. Pánico, pánico, diez mil sirenas suenan en mi cabeza, o quizá cuatro millones. Me bloqueé, patosamente, estúpidamente, patéticamente. Yo no puedo decir lo mismo de Herr. Él está a mi lado pero no quiero mirarle, así que farfullo una excusa:

– Lo siento, Giadda, me tengo que ir, vamos con prisa y llegamos tarde. Te veo el martes en clase, ¿de acuerdo?

Tengo el recuerdo difuso, me sentí mal, muy mal. Cuánto pánico por una simple palabra.

Está complicado ser más tonta que yo.

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