El largometraje que evolucionó


Os hablé de aquel largometraje que estaba escribiendo junto con chico y chica. Algo que nos habían implantado y que habíamos escrito como un ejercicio, no como un hijo propio.

Dios, nos costó. No os hacéis una idea. Seis o siete sinopsis. SEIS O SIETE. Daros cuenta que éso significa que cogemos los mismos personajes, los metemos en una batidora e intentando que la estructura no cambie demasiado (porque recordad que somos novatos, el detonante, primer punto de giro, midpoint, segundo punto de giro y clímax es para nosotros una fórmula matemática inquebrantable, si nos salimos de ahí, la hemos liado). Así que pasaron las versiones, cuanto más tiempo pasaba, la comedia menos gracia tenía. La comedia desaparecía. Qué bien. Le entregábamos una versión a David Muñoz – el coordinador del taller de largometraje – y se reía – siempre a buenas y siempre haciéndote partícipe de esa broma, pero se reía. Y te dabas cuenta que cada vez te alejabas más de la historia que tienes en tu cabeza.

Porque os voy a contar un secreto. Un secreto que yo aprendí al comienzo del máster y que parecía ser muy obvio para el resto del mundo. Escribir literatura es fácil. MUY, MUY FÁCIL. Todo lo que quieres decir, lo puedes decir. De hecho ahora estoy leyendo El palacio de medianoche de Carlos Ruiz Zafón y me doy cuenta de lo mal construidos que están los personajes, por el simple hecho de que el escritor escribe en los párrafos que los personajes son así o asá, pero cuando los personajes hablan o hacen cosas… son todos iguales. Y las partes en las que ‘tienen voz propia’ a mí me da la impresión de que están metidas con calzador. Pero me estoy desviando del tema. Escribir literatura es fácil comparado con guión. En guión tienes que escribir lo que ves. No puedes poner “Ella estaba triste por la ausencia de él, hacía días que no comía y lo único que hacía era pasarse horas y horas en la cama, acurrucándose bajo las sábanas, asustada del mundo exterior”. Algo así se tendría que reflejar con la protagonista en la cama, dando vueltas. Se podría levantar y abrir la nevera, donde no hay comida. Volver a meterse en la cama y follar. Digamos que es como pasar de ser Dios todo poderoso, digamos Zeus, a pasar a ser un dios menor, por ejemplo Mercurio. Qué putada. Antes lo dominabas todo. Ahora sólo dominas parte del trabajo. Porque un guión son indicaciones que cogerán otros profesionales para montar una película. Tú lo haces lo mejor que sepas y puedas que se irán los actores, sonido, fotografía, dirección, vestuario y montaje a hacer lo mejor que sepan.

Total, que un chico de clase nos dio una idea para encaminar el largo y tiramos de ahí y conseguimos crear por fin una historia con sentido. David nos mandó dos o tres versiones de escaleta y en una semana nos pusimos a dialogar. (Que como dice un buen amigo del máster, dialogar es el caramelo después del sufrimiento de escaletar). Y nos salió una historia que no estaba mal. De hecho no estuvo nada mal, porque cuando acabó el módulo de cine, David nos eligió a nosotros para seguir tutorizando el proyecto hasta finales de curso.

Y tras cuatro versiones donde se fueron cambiando cosillas, como quién era la mala de la historia, la relación entre la prota y su amante, o incluir que la familia de la prota vende drogas. Y ya en la cuarta versión, David Muños la dio por buena, aunque él dijo algo así como: “Es una buena primera versión para enseñar”. Se ve que todas las reescrituras anteriores no cuentan. Así que chico decidió presentarlo a una beca madrileña que te tutoriza el proyecto durante un mes y medio. Son cuatro horas al día de lunes a viernes. A la gente que no es de Madrid se les proporciona alojamiento y comida. Y aunque la gente del jurado no es, muchos de los profesores que trabajan ahí han sido ponentes del máster así que sería volver a ver a caras conocidas. Sería genial que nos cogieran, pero ya doy por hecho de que no. ¡Ah, por cierto! Cuando se termina el mes y medio y la reescritura y esas cosillas, te ponen en contacto con productorias.

Ahora sé que todo ese sufrimiento ha valido la pena, aunque sea simplemente tener un guión de 104 páginas que ya hemos registrado como nuestro. He sido mamá.

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