Crítica: El último señor del Dragón por Joanne Bertin


Me lo recomendó mi aita. Y tenía que haber sospechado, pero no lo hice y empecé a leer el libro. Mi aita es un gran fan de la ciencia ficción, no la ciencia ficción fantástica que es la que más me gusta a mí, sino de la clásica (Maggie Higgins Clark o Cliff D. Simak) y aunque a mí no me apasiona lo que lee, si me recomienda algo tiendo a creerle.

Error.

Mi padre y yo no valoramos el tiempo del mismo modo. Yo lo que leo, quiero que sea bueno, y si es malo, que sea malo pero jugoso, que pueda aprender el idioma, que pueda sentir placer al criticarlo, que pueda aprender de X cultura. Mi tiempo es oro, mis libros son selectos. Mi padre lee muchísimo más que yo (yo veo muchísimo más que él) y por lo tanto traga más y más de todo.

¿De qué va El último señor del Dragón? Seamos neutrales y os copio lo que dice Cyberdark:

“El señor del Dragón Linden Rathan es el menor de una raza de inmortales hombres dragón. Ha pasado seiscientos años en soledad, en busca de un alma gemela, mientras el resto de sus compañeros permanecían en su fortaleza observando los Cinco Reinos de la humanidad.

Cuando la reina de Cassori muere en circunstancias misteriosas, los señores del Dragón se ven envueltos de nuevo en los asuntos humanos; en esta ocasión deben evitar una guerra civil entre los dos pretendientes al trono.

Pero esta tarea sencilla se ve complicada por las maquinaciones de la Fraternidad, una sociedad secreta desaparecida desde hace mucho tiempo, pero cuya reaparición se precipita en medio de una oscura y terrible conspiración para usurpar el trono.”

Vayamos por partes.

La historia, a priori, parece interesante. Yo pensé que sería una especie de Eragon, hay amor, sí, pero practicamente nada, lo importante aquí es la historia de venganza, de encontrar quién es el malo y su motivación, entregar a los dragones, aprender.

Inocente Scry… me dio la impresión de leer el prólogo de una historia. El prólogo de 376 páginas en la que la conspiración que van a investigar los Señores del Dragón es ridícula. Yo, lector, ya sé quién es el malo desde el minuto uno. Y es un malo maloso, que es malo porque sí. Porque quiere poder y le gusta la magia negra. Bueno, la mesa cojea. Pero no es solamente que me falte un malo de verdad, sino que todo el plan que monta el malo es de vergüenza ajena. Todo sucede porque sí, gratuitamente y a todos les parece bien.

En realidad la historia de por sí es una mierda porque lo que realmente se quiere contar en esta historia es el amor que Linden, el prota, siente por Maurynna, la chica que se convierte en su alma gemela. Son una especie de Romeo y Julieta salvo que en vez de Shakespeare, lo ha escrito la mujer que quiere crear la nueva saga Crepúsculo. Y que al igual que en el súper ventas, los amantes no se quieren por su forma de ser, por complicidad o por algo concreto, se quieren porque sí, y yo lectora me lo tengo que creer porque me lo explican, pero no lo veo reflejado en ningún momento.

La mayoría de personajes son muy planos, el único interesante me parece el bardo, y aún así, a veces lo ponen un poco bipolar (ahora voy a escribir que hace ésto, ahora todo lo contrario, ¿no pega? mejor, más dimensionalidad para el personaje). En fin.

Lo que está bien del libro es que es muy llevadero, en ningún momento se hace pesado y aunque sea casi 400 páginas se lee bastante rápido y no aburre.

Pero no lo leáis, es un pérdida de tiempo.

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Un pensamiento en “Crítica: El último señor del Dragón por Joanne Bertin

  1. Lei dice:

    jajajajjajajajajaj

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