Ser guionista no es lo mismo que ser creador

Como soy algo inocente e idiota, di por hecho, sin pensar demasiado en ello, que cuando escribes, escribas lo que escribas, creas. Lo cual en el estricto significado de la palabra, es cierto, pero en realidad, yo por crear, me refería a imaginar escenas, historias, relatos y sueños plasmados en papel o pantalla.

Error.

Puede que consiga trabajo de guionista este septiembre. Es todo a través de un enchufe y seguramente no lo consiga porque a pesar de haber dicho que me llamaría si conseguía vender el producto que yo podría guionizar, no sé por qué me da que no será mi número el que marque cuando necesite esclavos al teclado.

Pero la idea de trabajar en el proyecto me hizo pensar. Durante el Máster hablábamos de los guionistas que en sus buenos días habían trabajado en series españolas y en estas horas bajas escribían para programas de cotilleo de Tele5. Yo era de la opinión de: sacarte un dinero (bien pagado) por escribir tonterías no debía de ser nada por lo que frustrarse o enfadarse, después de todo, te pagan por escribir absurdidades con un puñado de colegas. Pero éso es lo que pensé entonces, cuando tenía dieciocho meses menos y no era consciente de lo que es tener 24 y seguir viviendo con la mamma. Pero no nos desviemos del tema.

Si me dan trabajo en el proyecto eso querrá decir que seré guionista, pero no escritora. Y yo quiero ser guionista porque quiero ser escritora, necesito contar cuentos, puede que sean cuentos de mierda, o cuentos absurdos, divertidos o demasiado infantiles, pero es una necesidad que florece cada día en cada idea y cada pensamiento que tengo. Los hay que son ninfómanos y no paran de pensar en sexo, hay quien no para de soñar con alcohol, yo cada momento que paso sola y hay un mínimo silencio en una habitación, pienso en una historia.

Así que si consigo en trabajo habré conseguido lo que ansiaba durante tanto tiempo pero no en el formato en el que yo quería. Puede que me equivoque porque jamás he trabajado con un grupo de gente ‘de verdad’. Puede que sea súper gratificamente. Puede.

Ya sé de sobra que conseguir el trabajo de tu vida, si es que existe, es un lujo de muy pocos y otros muy pocos se dan cuenta de la suerte que tienen por haberlo conseguido.

Siempre me quedará la hoja en blanco, y el vaso medio lleno… ¿no?

El chiste del 3%

Por razones que ahora mismo no vienen a cuento no dispongo de mis cosas (libros, DVD’s y demás parafernalias que completan mi mundo) y por lo tanto los datos que daré serán poco aproximados, pero bueno, quedaos con la idea general.
Leí en el libro de Natxo López (creo que fue en su libro) que hay cosas que el escritor escribe que no gusta a la mayoría, pero al poco porciento que gustan, no gusta, encanta y maravilla. A éso se le llama en el 3%.
Por otro lado, tenemos la serie Studio 60, mi serie preferida en todo el mundo mundial, escrita por el Dios Aaron Sorkin. En el primer capítulo, hacia el final, después de muchas peripecias, problemas y personajes nuevos, hay una escena en la que Matt y Danny hablan sobre sus posibilidades. Danny ha consumido drogas cuando no debía, y saber por lo tanto que nadie le va a contratar para rodar ninguna película. Studio 60 es su única opción.
Entonces Matt le hace un chiste. Le hace este chiste exactamente:
DANNY
Matt, busca a otro director, puedes encontrar a alguien bueno.
MATT
No quiero a otro, te quiero a ti.
DANNY
El chiste es no quiero a nadie bueno, sino a ti.
MATT
Ya sé cuál es el chiste.
Lo que ocurrió fue lo siguiente. A mí el chiste me encantó. Os puede parecer el peor chiste del mundo o un humor sutil, inteligente y fantástico, sea como sea, lo que yo hice fue coger mi ratón y darle a copiar/pegar a esto.
Teníamos que escribir una escena para clase de serie en el Máster de guión de Salamanca y yo quise meter esta conversación. La cosa cambiaba, era sobre dos chicas, una le decía a la otra que tenía un esguince porque no quería bailar en la fiesta de Bar Coyote que había organizado la primera. Al final le contaba la verdad y hacían las paces. El chiste lo metí para aliviar la tensión.
Mandé el trabajo.
Lo corregimos en clase delante de todo el mundo. La profesora me dijo que no comprendió el chiste. Dice que igual ha sido ella que andaba espesita, la gente en mi clase lo confirma, ellos tampoco entienden el chiste. Lo expliqué.
– Me imaginaba que iban por ahí los tiros, pero es un poco rebuscado, ¿no?
Es lo malo que tiene copiar, que no puedes decir que lo ha escrito Aaron Sorkin para que nadie te diga que tu forma de escribir es rebuscada.
Me hundí en mi asiento y la chica que estaba detrás de mí se acercó a mi oído y me dijo.
– A mí me ha encantado el chiste. Es el típico chiste que suelo hacer yo con una amiga, y yo cuando me leí la escena me gustó precisamente por el chiste.
En éso consiste el 3%, hice un chiste para un pequeño público, y el pequeño público respondió. No gustó en su mayoría, pero a alguien le encantó. Y yo con éso me quedé.

Here’s the thing: Lena Dunham, programa de radio

Hace unas pocas semanas, y ya que sigo a través de Twitter a Lena Dunham, la creadora de la serie Girls de la HBO, ella posteó que Alec Baldwin le hacía una entrevista en la radio. He aquí el link a la entrevista, dura unos 40 minutos, si mal no recuerdo. El programa se llama Here’s the Thing y la entrevista fue hecha hace un mes exactamente, el 21 de enero de 2013.

Habla de cómo empezó ella, cómo desarrolló la idea original para la serie, qué pasos siguió y cómo se imaginaba que iba a ser su vida. Habla un poco de su novio y obviamente de la serie y de los personajes. También compara Girls con Sexo en Nueva York.

A mí me pareció una entrevista muy interesante, y aunque es evidente que soy muy fan de esta chica, supongo que para gente que no la conoce es una buena oportunidad de oír su propia voz (y no lo que creemos que piensa a través de su personaje Hannah).

La entrevista está en inglés, así que por si acaso alguien no puede seguirlo del todo bien cuando hablan, os paso la conversación transcrita en este link.

Os dejo deleitaros con mi propuesta…

 

Sí, ya soy libre

Me puse como fecha límite para entregar mi proyecto de guión el lunes 24 de septiembre. Pero hasta el martes no terminé de repasarlo e imprimirlo. ¿Qué pasó el martes? Llovió como si no hubiera mañana…

Era imposible ir a entregar mi proyecto a Bilbao. El miércoles entonces.

Huelga general.

Pues… hoy.

Iba a ir con Chandler, porque estaba seguro de que algo me ocurriría y que sería incapaz de encontrar el sitio o me perdería o pasaría algo terrible que me impediría entregarlo. Pero al final Chandler no ha podido venir, así que esta mañana me he vestido y he ido yo solita, cual chica mayor.

Por alguna razón que no comprendo, estaba hecha un flan. Un flan os digo. No oía de lo mucho que me robotaba el sonido de mi corazón en mis oídos, agarraba mi proyecto como si fuera mi hijo pródigo. Cuando he conseguido relajarme un poco, he pensado que quizá estaba tan nerviosa porque aquel iba a ser, y será, el único trabajo de guión que tenga que entregar con un tiempo y que si los planetas se alían, cabe la posibilidad de que llegue a buen puerto. Además siendo mañana el último día en el que se puede presentar, ¿qué pasaba si no me lo aceptaban y todo el trabajo de un mes se iba a la mierda?

Entro al edificio de la gran vía. Cojo un número. Vale, 20 personas y me toca. No espera, un momento… ¡120 personas!  ¡Eso es como la mita de mi vida! Gracias a los dioses que me había llevado un libro, y que por lo tanto he esperado en compañía durante 40 minutos (la verdad es que ha ido bastante rápido) y cuando he llegado a mi ventanilla me dice la chica. PERO SI CULTURA LO TIENES EN EL PISO DE ARRIBA, PUEDES SUBIR TU MISMA, O TE LO PUEDO MANDAR YO DESDE AQUÍ.

CUALTURA ESTABA EN EL PISO DE ARRIBA.

No es que yo sea retrasada, que podría haber sido, sino que no estaba explicado en ningún sitio. Subo arriba, pregunto… lo entrego… comprueban que no falte nada…

Falta algo. Por supuesto que falta algo.

Así que mañana he de volver, pero el proyecto ya está entregado, la suerte está echada…

Wish me luck!

Crear un proyecto de guión en un mes

Esto comienza tal que así.

Una amiga mía, gracias a los Dioses que tengo una persona así en mi círculo, tiene un don para encontrar becas y subvenciones, y cuando ve que podrían interesarnos, nos hace partícipes de su conociemiento. Y fue así como encontré la subvención que ofrecía el Gobierno Vasco para subvencionar seis largometrajes.

Ahora bien, hay dos categorías, una para mayores de 30 años que ya han trabajado en el mundo del cine, y otra para menores de 30 años cuyo nombre no sale en ningún largometraje producido. Yo formo parte de la segunda categoría. La primera ofrece más dinero que la segunda, pero ambas categorías rondan los 30.000 euros.

Se puede presentar tanto en euskera como en castellano y las dos categorías (las nombraré como mayores de edad y menores de edad) tienen que tener al menos un proyecto en castellano y al menos uno en euskera.

Leí esta subvención hacia finales de agosto, y cuando digo finales me refiero a algo así como el 25. La fecha límite es el 28 de septiembre. Pensé en mandar la historia de Chilly Queen, pero cuando lo pensé fríamente me di cuenta de que no tenía posibilidades.

¿Y si yo… ? Nah…

¿Pero y si yo hiciera…? ¿Sí?

¿Y si yo hiciera un proyecto de guión en menos de un mes? ¿Podría ser?

Podría ser y me puse manos a la obra en cuanto tuve claro que más oportunidades que ésa no tendría. No sólo porque siguen dando subvenciones en el País Vasco con los tiempos que corren, sino que me ha llegado esta oportunidad justo después de terminar el máster y no es para todas partes. Hay que haber nacido en Euskadi o llevar viviendo aquí un año. ¡Yupi!

Que lo que iba a escribir iba a ser para niños estaba claro, y que iba a ser animación también lo tenía claro. Genial, menos cosas que pensar. Y de repente me acordé de una idea que surgió hace un año en Antzarras, en fiestas de Lekeitio. ¿Y por qué no?

No os diré de qué va, no vaya a ser que se alinien los planetas y cojan mi idea y luego alguien decida plagiarla o algo por el estilo…

¿Cómo se puede escribir un proyecto en un mes y qué piden? Piden una sinopsis de menos de tres páginas y mínimo de una, lo mismo con la memoria del guionista (en la que hay que explicar qué valor añadido tiene tu historia que no tenga otra, qué te inspiró, cómo vas a trabajarla) y finalmente hay que entregar una escaleta del proyecto. La escaleta es obviamente lo que más trabajo lleva (la escaleta es una explicación escena por escena de lo que ocurre).

Primero hice una sinopsis larga, me conté la historia a mí misma, mientras iba averiguando a medida que escribía quién se convertía en la protagonista, iba creando más historia con la mala de la película e introducía al típico animalito graciosito que suele incluir Disney (Sebastián en La sirenita, el Genio en Aladdin o Flit y Mico en Pocahontas). Al principio no escribía tanto, pero cuando me puse seriamente, eran más o menos unas tres horas diarias, había días que era más tiempo, otros días menos tiempo, pero aunque estuviera tomando algo con mis amigas, en el fondo siempre había un runrun interior que estaba buscando cómo solucionar uno u otro problema.

Entrego el proyecto en diez días y estoy bastante histérica al respecto, así que ya comentaré cómo ha ido.

El largometraje III

El 19 de junio David Muñoz publicó en bloguionistas una entrada sobre el guión que he escrito yo con chico y chica.

Seguro que ya he comentado aquí más de una vez que desde hace unos años llevo el taller de escritura de guión de largometraje del Máster de guión de ficción para cine y televisión de la Universidad Pontificia de Salamanca.

El objetivo del taller es que cada grupo compuesto por tres alumnos escriba la primera versión del guión de una película. Algunos lo consiguen (este año, la mayoría), y otros no. Pero en realidad eso no es lo más importante. Lo importante no es acabar el guión, sino aprender a pensar como un guionista. Y eso es algo que solo depende de lo implicado que uno esté en todas las fases del proceso, independientemente de que pueda llegar a atascarse en alguna de ellas.

Uno de los guiones de este año que están ya listos para caer en las manos de un productor se llama “Chili Queen”. Se trata de una comedia protagonizada por adolescentes bastante divertida.

Y hace unos días les pedí a sus autores, Carmen, Irati y Álvaro, que escribieran ésta sinopsis de la película:

“Ana, como toda adolescente, quiere comerse el mundo. Su oportunidad se presenta en forma de intercambio académico: pasará el próximo curso en Estados Unidos.

Sin embargo, nada más poner el pie en tierra se da cuenta de que las cosas no son como esperaba; ¿dónde está aquella familia de acogida de aspecto chic y sonrisa de anuncio? ¿Quién es ese matrimonio afroamericano, de aspecto campechano, que la espera con un cartel, escrito a mano, en el que a “España” le falta su letra más importante?

Sin más opción que convivir con los Harmons, Ana tendrá que aprender a comer sin servilletas de tela y a aceptar que su nuevo instituto no es, ni mucho menos, como el de “High School Musical”

Junto con Talicka Harmons y su amigo Anwar, se embarcará, casi sin querer, en una cruzada contra las animadoras, capitaneada por la rubia de bote (como no podía ser de otra forma…) Hillary. El duelo: el campeonato bianual “Chili Queen”, un concurso en el que, tras pasar una serie de obstáculos -donde se ponen a prueba las cualidades culinarias, la capacidad de crear discursos sobre la salsa, y se come… se come como si no hubiera mañana- se elige a la joven que será imagen, en prensa y televisión, de la mejor marca de Chili del Estado.

Participar en el certamen supondrá para nuestra protagonista descubrir que las apariencias no son tan importantes y, sobre todo, entender qué es la verdadera amistad”.

Yo añadiría unos detalles que no sé si se entienden al leer la sinopsis:

-Ana, la protagonista, es una pija muy pija. Se ha criado entre algodones y está acostumbrada a hacer siempre lo que le da la gana.

-Básicamente ella cree que va a vivir con una familia como la de “Modern Family” y de pronto descubre que ha aterrizado en una de “The Wire”. Luego se da cuenta de que no es así y que en realidad los Harmons son buena gente, pero durante buena parte del primer acto ese malentendido da lugar a escenas bastante divertidas.

-Una vez en el instituto, Ana es solo una hispana más, o sea, una marginada, y para tener amigos se ve obligada a relacionarse con el tipo de frikis a los que despreciaba cuando vivía en Madrid.

Vamos, que se trata de la clásica historia de “pez fuera del agua”.

Y, por supuesto, el concurso para elegir la “Chili Queen” se merece cualquier adjetivo menos “glamuroso”. La Ana repija con la que se abre la película jamás habría participado en él.

Bueno, creo que más o menos se entiende de qué tipo de película estamos hablando, ¿no?

A mí me parece que se trata de un proyecto con bastante potencial comercial. Ahora solo hace falta encontrar un productor que piense lo mismo.

Y esa es la razón por las que estoy hablando de él hoy aquí.

“Chili Queen” se merece ser algún día una película.

¿Hay alguien ahí?

¿Nadie?

Sigamos.

Entre los proyectos de este año de Salamanca hay uno que me ha frustrado especialmente. Sus tres autores no han conseguido llegar a escribir la primera versión del guión, y sin embargo puede que su idea fuera la más interesante de entre las que se presentaron el primer día del taller.

Aunque el punto de partida con el que estaban trabajando sugería una posible película muy clara, esa no era la que ellos querían escribir, de modo que, buscando otro posible desarrollo argumental que les resultara más satisfactorio, han ido pasando los meses y han llegado al final del curso sin tener nada que les convenciera.

Pero ya se lo dije a ellos en clase: si te ocurre algo así no hay que agobiarse demasiado. Pasa a menudo. Tienes una idea que te interesa, y, cuando empiezas a explorarla, a construir una historia a partir de ella, no llegas a dar con nada que te resulte interesante. Y pueden pasar meses hasta que lo consigas. E incluso es posible que no llegues a conseguirlo nunca.

Repito que lo importante, sobre todo para no desanimarse, es tener claro que esto es algo que les ocurre de vez en cuando a todos los guionistas. De hecho, lo normal es que si eres de los que tantea varios posibles proyectos a la vez antes de decidir cuál es el que va a escribir, de cada tres, al menos uno no te dé lo que esperas de él. Lo peor es que a veces esos parones, ese no saber por dónde tirar, ocurren también con proyectos que en teoría tienes mucho más claros, o incluso te pillan cuando ya has empezado a escribirlos.

Pensando en todo esto, recordé algo al respecto que leí en el libro del making of de “Toy Story”, el primer largo de Pixar, dirigido por John Lasseter en 1995.

Parece ser que en Disney tienen asumido que tarde o temprano es inevitable que el desarrollo de una historia se “atasque”. Según el libro se trata de “un día que suele llegar a mitad de la creación de todos los relatos animados de Disney, un día en el que te das cuenta de que la narrativa tiene grandes debilidades que te obligan a hacer cambios muy importantes”.

En el caso de “Toy Story”, ocurrió cuando los miembros clave del equipo creativo se sentaron a ver la primera parte del story animado de la película y descubrieron que habían tomado muchas decisiones erróneas que provocaban que los dos protagonistas, Woody y Buzz Lightyear, te cayeran fatal. Por Ej., Woody tiraba a Buzz adrede por la ventana, se comportaba sádicamente con el perrito Slinky y en general quedaba como un capullo abusón por el que era imposible sentir empatía alguna. Por su parte, Buzz estaba caracterizado de forma algo confusa. Se creía un héroe espacial, pero a la vez sabía que tenía dueño, con lo que cuando se perdía con Woody lo que deseaba era también volver con Andy. Y no hay mejor manera de quedarse sin combustible narrativo en una “buddy movie” que darles el mismo objetivo a tus dos personajes protagonistas.

Así que el equipo de la película no tuvo más remedio que reescribir casi completamente esa primera parte.

¡Y esto ocurrió cuando ya habían escrito no sé cuántas versiones del guión y los animadores ya habían empezado a trabajar en muchas escenas!

Imaginaros el drama.

La pena es que poder replantearse la historia una y otra vez hasta casi el último momento solo te lo puedes permitir en animación. Como dice en el mismo libro Andrew Stanton, “Ese es el lujo de la animación (…) aprendimos a las malas que lo que hicimos bien fue estar dispuestos a cortar cosas aunque nos parecieran divertidas y a seguir adelante e intentarlo otra vez”.

Por eso, no es extraño que los procesos de desarrollo de las películas de Pixar se prolonguen durante años y que muchas veces los directores que arrancan los proyectos se vayan quedando por el camino (que yo sepa ha pasado dos veces, en “Ratatouille” y en “Brave”).

Pero es que a veces no hay otra manera de encontrar la permutación adecuada de una historia que dedicarle todo ese tiempo.

El problema es cuando ese tiempo no está pagado y das con un productor que más o menos pretende que te pases dos años escribiendo gratis, o casi. Porque cuando ponemos como Ej. a Pixar a veces se nos olvida que esos señores que tanto están esforzándose por hacer la mejor película posible, están cobrando un buen sueldo todos los meses. Se están ganando la vida y se la están ganando muy bien. Pero ese es tema para otra entrada.

En todo caso: o estás muy motivado, o el proceso de reescritura puede acabar con la resistencia del guionista más empecinado.

Imaginemos que ahora mismo hay 100 guionistas pensando en arrancar la escritura de un guión de largo. Pues bien, estoy seguro de que de esos 100 guiones potenciales, solo llegarán a escribirse como mucho cinco o seis. La mayor parte se quedarán por el camino. Y la mayoría serán sobre todo víctimas del cansancio de sus autores, que hartos de tratar de resolver los problemas de la historia sin conseguirlo, abandonarán al sentir que no están avanzando.

Por eso, tampoco quiero dar la impresión de que la única manera de escribir un buen guión es pasarse años reescribiéndolo. Sobre todo porque hay muchos ejemplos (alguno sufridos en mis propias carnes) de lo contrario. Reescribir por reescribir puede ser tan nefasto como dar por bueno lo primero que se te ocurra.

La reescritura compulsiva es otra amenaza que también se cierne a menudo sobre los guiones no natos.

A veces, una historia nace casi “hecha”, más que una idea es ya la base de una película, incluso puede que haya llegado al mundo con una estructura implícita. Vamos, que lo único que hace falta es ponerse a escribirla.

Entonces, nos pasa algo muy curioso a los guionistas, y es que desconfiamos. Empezamos a dudar. Parece demasiado fácil. Así que no puede ser bueno. Y en vez de saltar de alegría porque por una vez se nos ha ocurrido una idea que da para una película sin tener que escribir primero treinta y siete escaletas tanteando su desarrollo, empezamos a cuestionarla. Y en ese cuestionarla, acabamos enredándola y complicándola innecesariamente, hasta que acabamos metidos en un nuevo embolad .

Por supuesto, las dudas suelen provenir más de los directores o de los productores con los que trabaja el guionista, y así ocurre que dos años después de rescribir un guión puedes llegar a encontrarte con una versión que sigue sin gustar y en la que además no queda rastro de la razón por la que lo vendiste.

Y esa desconfianza es algo que he visto muchas veces también en Salamanca.

Aprender a confiar en las ideas propias, en las películas que pueden escribirse con ellas, es también un talento. Ver una obra maestra y reconocerla como tal es fácil. Pero hay que asumir que aunque lo que uno escribe (salvo casos de egolatría extrema) nunca te va parecer tan bueno como lo que han escrito (y rodado) los demás, eso no quiere decir que no vayas a poder escribir el guión de una película que llegue a rodarse.

Por otro lado, no hay que olvidar que acertar siempre es imposible. Si no fuera así, los directores no rodarían mas que obras maestras. Y en todas las filmografías hay películas que no entiendes cómo llegó a rodar el maravilloso director “X”.

Aceptar la propia falibilidad es la única manera de no bloquearse y seguir escribiendo. Aceptar que nos equivocamos, que cuando acertamos a veces no sabemos por qué, que muchas veces no sentiremos decepcionados con nosotros mismos.

Y tenerlo en cuenta te vale tanto como profesional, aspirante o alumno.

Lo importante es seguir intentándolo.

Ojalá mis alumnos de este año Salamanca no lo olviden y dentro de poco sus guiones estén haciendo la ronda por las productoras.

Pase lo que pase, de momento, “Chili Queen” ya está dando la cara.

Lo repito: ¿Hay alguien ahí?

¿Ehhh?

The 22 rules of storytelling, according to Pixar

#1: You admire a character for trying more than for their successes.

#2: You gotta keep in mind what’s interesting to you as an audience, not what’s fun to do as a writer. They can be v. different.

#3: Trying for theme is important, but you won’t see what the story is actually about til you’re at the end of it. Now rewrite.

#4: Once upon a time there was ___. Every day, ___. One day ___. Because of that, ___. Because of that, ___. Until finally ___.

#5: Simplify. Focus. Combine characters. Hop over detours. You’ll feel like you’re losing valuable stuff but it sets you free.

#6: What is your character good at, comfortable with? Throw the polar opposite at them. Challenge them. How do they deal?

#7: Come up with your ending before you figure out your middle. Seriously. Endings are hard, get yours working up front.

#8: Finish your story, let go even if it’s not perfect. In an ideal world you have both, but move on. Do better next time.

#9: When you’re stuck, make a list of what WOULDN’T happen next. Lots of times the material to get you unstuck will show up.

#10: Pull apart the stories you like. What you like in them is a part of you; you’ve got to recognize it before you can use it.

#11: Putting it on paper lets you start fixing it. If it stays in your head, a perfect idea, you’ll never share it with anyone.

#12: Discount the 1st thing that comes to mind. And the 2nd, 3rd, 4th, 5th – get the obvious out of the way. Surprise yourself.

#13: Give your characters opinions. Passive/malleable might seem likable to you as you write, but it’s poison to the audience.

#14: Why must you tell THIS story? What’s the belief burning within you that your story feeds off of? That’s the heart of it.

#15: If you were your character, in this situation, how would you feel? Honesty lends credibility to unbelievable situations.

#16: What are the stakes? Give us reason to root for the character. What happens if they don’t succeed? Stack the odds against.

#17: No work is ever wasted. If it’s not working, let go and move on – it’ll come back around to be useful later.

#18: You have to know yourself: the difference between doing your best & fussing. Story is testing, not refining.

#19: Coincidences to get characters into trouble are great; coincidences to get them out of it are cheating.

#20: Exercise: take the building blocks of a movie you dislike. How d’you rearrange them into what you DO like?

#21: You gotta identify with your situation/characters, can’t just write ‘cool’. What would make YOU act that way?

#22: What’s the essence of your story? Most economical telling of it? If you know that, you can build out from there.

Escrito por Emma Coats