Wisteria Lane

En la vida Erasmus tenían todo: vivían sin padres, sin vigilancia, eran independientes, salían de fiesta, tenían dinero, tenían amigos, hacían viajes, salían mucho, bebían cerveza, disfrutaban con los partidos de rudgy, bailaban, aprendían. Algunos más que en sus universidades de origen. Pero faltaba algo. Nadie dijo nada, pero todas sabían que les faltaba algo. Hasta que un sábado por la noche alguien propuso una noche de póker. Y alcohol. Y comida. Pero sólo entre chicas, lo chicos eran bienvenidos, pero era sólo cortesía, no querían de hecho que vinieran.

La primera noche fueron cinco chicas. Lucía se había liado con un griego la noche anterior y ya se habían mandado mensajitos, tenía la necesidad de contarlo. Y después Angelina dijo que iba a tener una aventura con un chico de 30 años. Sexo. Habían quedado en Londres.

– No quiero una relación con él – repetía Angelina una y otra vez cuando sus amigas la miraban.

– ¿Por qué? – preguntó Inés.

– Porque tiene 30 años. No va a querer estar con alguien que tiene 20. Con diez años de diferencia. Cuando él perdía su virginidad yo tenía cinco. Así que…

– Pero si él quisiera una relación, ¿tú sí accederías, no? – Lucía y Angelina se conocen demasiado, y Lucía sabe donde dar para que duela, para sacar la verdad.

Angelina no quiere hablar más de ello, siguen jugando al póker. Habían hecho un pausa de 15 minutos mientras trataban el tema del asaltacunas.

– ¿Cuántos años teníais la primera vez? – quiere saber Brianna.

– 15 – dicen Lucía y Angelina.

– 16 – dice Inés.

– Yo creo que también 16… – dice Brianna.

Hay un silencio y todas miran a Charlotte. Sonríe.

Charlotte tiene 21 años, y es la única del grupo que sale con otro del grupo.

– Mi primera vez ha sido con él – dice finalmente – he tenido otros novios, claro pero… con el que más tiempo estuve, se ponía muy tenso y no conseguía… levantarla.

Y ahí comenzó la conversación, a partir de ahí no hubo tabús. ¿Posturas preferidas? ¿Vosotras tragáis cuando chupáis? ¿Con cuántos lo habéis hecho? ¿Conseguís correros siempre? ¿Vuestra historia de amor que pensabais que tenía futuro y que no llegó a ningún lado? ¿Quién la tenía más grande? ¿Mejores sitios para hacerlo que nos sean la cama? ¿Pero polvo? ¿El más guapo? ¿Cómo cortas con alguien porque es malo en la cama? ¿Alguna vez os han dicho que lo habéis hecho mal? ¿El pito más pequeño? Risas. Alcohol: vino, baileys, licor de café, piña colada. Cuando hay nuevas preguntas se levanta la mano y se sacude en alto.

No se juzga. De hecho se aprende. Aprendes posturas nuevas, cosas que hace la gente, aprendes nuevas formas de querer, historias de amor tan bonitas que tienes que dejar la copa en la mesa porque la emoción te hace temblar. Charlotte cuenta historias preciosas. También porque ha tenido la suerte de vivirlas. El poóer es sólo una excusa para estar juntas, las chicas, y cotillear y comentar ex novios y futuros novios.

Éso faltaba en el Erasmus, charlas con chicas, charlas íntimas.

pd. Obviamente no he puesto ningún nombre real.

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El secreto

Edu y Janire llevan ocho meses saliendo. Janire se va a ir en un mes de Erasmus, pero su novio la vuelve loca, así que está dispuesta a irse y no verle hasta Navidad. Tienen pensado hablarlo después, para decidir si seguir o no, si esos tres meses hacen que se quieran más, o todo lo contrario.

Lo que Janire menos soporta de Edu es la forma que tiene de estar con las chicas. Le encanta besar a sus amigas, cosa que Janire sabe, y más o menos controla cuando ella no está tan borracha como él, pero también sabe que él no lo hace con mala intención, que es su forma de ser. Sólo son picos, piensa después de todo. Cuando ve la confianza que tiene Edu con todas las chicas, no sólo sus amigas, ella también comienza a ser muy amiga de sus amigos. Cuando hay demasiado alcohol de por medio intenta que los amigos de Edu tampoco la besen a ella, pero no siempre puede controlarlo todo. No, no tienen una relación liberal, no se acuestan con otras personas, simplemente se dan picos con todo el mundo, tampoco es que sea nada del otro mundo.

Janire es del mismo grupo de amigas que Lucía y Beatriz. Lucía y Bea son mejores amigas, pero para Lucía, Janire siempre fue su ojito derecho. Era la más pequeña de la cuadrilla, la más menudita y un trozo de pan, sí claro, también era la más borracha, la del humor de perros y la gritona, pero le encanta su forma de ser. Una noche en la que Janire y Lucía se fueron antes a casa, Edu acompañó a Beatriz, había traído el coche y bueno, había bebido pero no le costaba nada acercar a Bea. Aparcó el coche en la esquina y se bajó con ella, para asegurarse de que la amiga de su novia llegara bien a casa, por si las moscas dijo. Antes incluso de llegar al portal, Edu agarró a Beatriz de la cintura e intentó besarla. No fue uno de esos momentos de fiesta cuando él decía dame un pico. Aquéllo era más, aquello era mucho más de la cuenta, más de todo. Podía notar cómo la cadera de él se pegaba en ella, estaba puesto. Ella intentaba apartarse y sólo podía pensar en Janire. Al final mandó a Edu borracho al coche, pero supo que a partir de entonces cada vez que hablara con él se acordaría siempre de todo lo que le dijo aquella noche, seguramente lo mismo que le susurraba a Janire cuando hacían el amor. Suspiró.

Al día siguiente llamó a Lucía en cuanto despertó.

– Díselo a Janire, ¡es su novio!

– Pero no quiero hacerle daño. Además se va de Erasmus ahora, seguramente en Navidad lo dejarán, porque visto lo visto seguramente él se tire a medio barrio y con lo que es Janire, seguramente allí hará más que darse picos con los tíos. Dentro de cuatro meses lo dejan.

– Si está con Edu no se va a ir con otros – dijo Lucía al teléfono, mosqueada con la actitud de Beatriz – tendrías que decírselo. Así corta con él ya.

– A ver, NO quiero hacerle daño.

– Tendrías que decírselo, cuando se entere se enfadará.

– No se va a enterar, yo no se lo voy a decir y tú tampoco…

– Se enterará – sentenció Lucía y le colgó el teléfono a su mejor amiga.

Neighbourhood es demasiado pequeño para guardar secretos, así que tal y como había vaticinado Lucía, Janire se enteró.

Historia de dos

Están en un oscuro túnel. Se besan, ella está contra la pared. Lucía se marcha todo el verano a EEUU, cuando vuelva será Roberto quien se vaya a estudiar a Salamanca. Sabían que lo suyo no tenía futuro, que tarde o temprano acabaría su historia. Pero el tiempo había pasado demasiado rápido.

Cuando en Navidad él volvió a casa, se veron obligados a quedar. No sabían qué decirse, pero tenían que quedar. Lo habían dejado como amigos después de todo. Discutieron, siempre discutían, pero aquella vez fue distinto. Ya no podían besarse para hacer callar al otro, ni podían sonreír, sabiendo que éso arreglaría las cosas. Aquellos seis meses les habían cambiado. No eran quienes solían ser, ya no podían ser amigos, no había una base que sostuviera aquéllo.

Un día se encontraron de fiesta en un bar. Ella había empezado a salir con un tío más mayor, guapo y seguro de sí mismo. El mismo tipo de chico del que de haber estado juntos se habrían reído.

– Es el típico creído – habría dicho ella – seguro que es un flipado.

Lucía los presentó. Aquel nuevo novio vivía de Lucía, de su aroma, de su forma de mirar y de bailar. Cuando Roberto les vio de la mano, cuando vio cómo se besaban, cómo ella sonreía, su forma de mirarse y la complicidad de sus gestos, se sintió contrariado. Aquella no era la Lucía que él conocía.

Lucía era fuego, era dominación, gritaba, era irrespetuosa y osada. Lucía odiaba los novios, ella sólo era sexo, sin complicidad ni ataduras. En su relación, el cariñoso había sido él.

Al día siguiente la llamó, “sólo por cumplir”.

– ¿Qué cariñosa estabas ayer con éste, no?

– Uhmm… no sé, sin más.

– Conmigo… bueno…

Se quedaron en silencio.

– Es agua pasada – acabó diciendo Roberto.

Colgaron a la vez.

A altas horas

Nos habían cerrado el bar, la mayoría seguíamos meciéndonos con nuestra borrachera, poco a poco se iba deslizando a hasta desaparecer, pero seguíamos atontadas. Publicista estaba sentada en un portal con la cabeza entre las piernas. Hay que saber beber, y hay quien no sabe.

Yo me distraigo mirando cómo uno de los porteros de los bares limpia el suelo, estamos esperando a un amigo que sale de currar en el bar donde hemos estado.

– ¿Necesitáis ayuda con vuestra amiga?

Hay dos chicos a mi lado, visten los dos con gabardina. Uno es rubio y tiene un peinado bastante inglés y el otro tenía el mismo peinado que Pedro Piedrahita, pero con el pelo hondulado.

– No gracias, somos bastantes para ocuparnos de ella.

Sigo mirando cómo la mierda sale del bar, no sé por qué, me parecía fascinante.

Y de repente mi memoria da un salto y recuerdo haberme puesto a hablar de autores clásicos con estos dos chicos. El del pelo de Piedrahita menciona a Allan Poe y yo comento que el semestre que viene le estudiaré. Les digo que estudio Filología Inglesa y me preguntan por qué. Comento que en mi feliz mundo yupi me gustaría irme a Estados Unidos a currar allí como guionista.

– ¿Guionista? – el peinados se adelanta un paso – ¿por qué guionista?

Parecía un interrogatorio. Y yo estaba todavía espesa como para poder explicar bien – y no farfullando y con pobres palabras de una mujer que sigue en su manga – por qué me gustaría dedicarme a ese mundo.

Cuando termina mi explicación el peinados vuelve a abrir la boca, pero el rubio se le adelanta:

– Nosotros somos del mundillo del cine.

– Yo soy guionista, trabajo en Madrid – corrige el peinados.

Le miro de arriba abajo, estábamos en una cuesta, por un segundo en aquella conversación me sentí más importante que él.

– Éste trabaja poniendo hormigón – le miró con cara de superioridad.

(Aquí hay un hueco en mi memoria, pero lo siguiente que tengo en mente fue que hablábamos de series, me preguntó cuáles eran las series que más me gustaban del momento).

– Fringe, True Blood, Dex…

– Así que eres una Lostiana, ¿¿eh?? Fan de J J Abrams – ME INTERRUMPE. ODIO que me interrumpan cuando estoy hablando.

– Sí, sí que me gusta Perdidos.

– ¿Quién te gusta más?

– Joe… pues hace ya tiempo que no veo, no me acuerdo bien de los personajes.

– Seguro que dices Jack, les gusta a todas.

NO SOPORTO A JACK.

– Katie, o Pecas o como se llame… – digo yo.

– Kate o Freckels, en inglés pecas se dice freckels.

El tío era un puro gilipollas. ¿No le he dicho antes que estudio filología inglesa? Siguió preguntándome por qué me gustaba Lost, mientras yo miraba ya desesperada el bar donde tenía que salir nuestro amigo para poder huir e irme a casa. Me contó que había traducido la quinta temporada de Perdidos y que sabía detalles, ¿quería yo conocerlos? NO, GRACIAS, dije amablemente.

– ¿Te hago una pregunta?

– Dime – seguía mirando al bar todo el rato. ¿POR QUÉ TARDABA TANTO?

– Es la pregunta que me hicieron a mí para contratarme para el &%+ª$, donde trabajo – como comprenderéis, no recuerdo el nombre – ¿cuántas pelotas de tenis entran en un avión? Tienes 10 segundos para contestar.

Yo me estreso. 10 segundos, sólo quiero ir a mi cama, 8 segundos, ¿pelotas de tenis?, 7 segundos, ¿pero… no hago mate desde… los 16? ¿Por qué iba a saber yo éso?

– Te quedan 5 segundos.

– ¡800 pelotas!

– Te has quedado corta – dice el rubiales.

– Yo contesté bien – dice con aire de superioridad el peinados – la respuesta correcta es: ¿en qué tipo de avión?

– Uhmmm… – miro a Publicista que sigue con la cabeza entre las piernas.

– Tú piensa, depende del tipo de avión, ¿no? Porque igual entran 3 en el blablabla.

Pensé en un elicóptero donde por lo menos, tenían que entrar unas 100 pelotas. ¿Qué tipo de avión era el blablabla donde sólo entraban tres?

Y entonces salió mi amigo y Publicista se levantó.

Llegué a casa cabreada, me sentía humillada, violada como escritora y dejaba como una completa inútil. Pero hey, por lo menos sé que cuando me hagan ésa pregunta la respuesta correcta es: ¿en qué tipo de avión?

Ahora mi vida tiene sentido.

¿¡Latín!?

Estábamos en el baño, las que fuman habían terminado sus pitillos y no sé exactamente cómo, llegamos al tema de echar de menos latín y griego. Que estando haciendo una filología tendríamos que tener esos dos idiomas obligatorios, sino los dos uno de ellos. Como soy la única de mi cuadrillita de la uni en haber hecho griego, el resto prefería que impusieran latín, más fácil para todos. Incluso para mí, aunque me guste más el griego.

Las tres que habíamos hecho bachiller con latín incluído lo veíamos necesario para la carrera, pero había otra, que había hecho geografía, economía e historia del arte (creo) que no estaba de acuerdo.

La fulminé con la mirada.

– Es que el latín es una lengua muerta que no sirve para nada. Si ya no la hablas…

Las tres de letras puras saltamos a la vez:

– ¿¡CÓMO PUEDES DECIR ÉSO!? ¡¡Latín es la base, estructura de idiomas!!

– Yo creo que es necesaria para cualquier lengua que estudies – sigue una de mi clan.

– Además cosas que yo en italiano veo lógicas, a ti te cuesta pillar – acuso yo.

– Joder, a ver, que será necesario… – se excusa la chica – pero sólo cuando estudias una carrera de idiomas.

Hubo un tenso silencio en el baño. Todas la miraron, incluso las que no habían abierto la boca en aquella discusión. Os juro, que deseé darle un puñetazo. Me sentí ofendida. Normal que luego los letras quedemos como gilipollas si la inmensa mayoría de futuros filólogos de clase no están allí por amor al arte, sino por hacer algo.

– ¿Y tú qué estás estudiando? – pregunta una de las de mi clan mofándose.

– A ver, ya, bueno…

La chica no dijo nada. No tiene excusa para la absurda y estúpida respuesta que ha dado. La incultura se apodera de nosotros poco a poco y no podemos hacer nada por evitarlo. ¿O sí? Quizá ya sea demasiado tarde y nos dé pereza. ¿Se dará cuenta esa chica que no tiene razón?

Y lo peor es que la sociedad se está plagando de gente así. De orgullosos de la incultura. No quiero que mis hijos tengan como profesores de inglés a ineptos de este tipo.

Dios, qué mal me ha sentado.

Volando voy, volando vuelvo

Hasta última hora, no hice todo lo que tenía que hacer, y me acosté a las 00.00, no recuerdo a qué hora me desperté pero sería alrededor de las 6 o 7. Maletas a cuestas, mi mochila mágica (es mi bolso preferido) y al aeropuerto. Madre y yo llegamos las primeras, no había todavía nadie de mi grupo.

Adiós maletas, nos veremos allí. Madre se fue y me dejó sola con gente de mi edad, desconocidos… y yo por aquella época era muy, muy tímida. Pero la cosa no fue del todo mal, Barajas y de allí al aeropuerto de Newyark. Y ahí comenzó mi aventura. La primera, pero no la última vez que pisaba New York City.

Me enamoré de absolutamente todo lo que veía, de la gente, de sus desconocidas vidas, de la magnitud de todos esos rascacielos que había visto en todas las películas situadas en Nueva York. Recuerdo que no conseguía creerme el estar allí, hacía un bochorno que ni en Bilbo hace de ésos (y quien viva aquí sabrá de la tortura de la que hablo). NYC es muuucho peor, es un bochorno que no te deja respirar, que se te pega al cuerpo y es asqueroso, pero no hay mal que por bien no venga, ahora cuando hace bochorno aquí, recuerdo el asco que me dio el de allí, y lo aguanto mucho mejor.

Hay cosas que me parecieron una pérdida de tiempo, como subir al Empire State, a una velocidad inaudita, subes un millón de pisos y se te taponan los oídos. Subí un día nublado y no se veía casi nada…

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La estatua de la libertad me defraudó muchísimo. Ahora entiendo por qué todos esos planos son desde arriba, tomando a esa mujerona como algo enorme, nada más lejano de la realidad. Sí, es grande, pero no más grande que mi edificio que es de tres pisos… (exagero)

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Greenwich Village es digno de visitar, la gente es rara, rara, rara. A veces asusta, pero me encanta recordar todos los extraños que vi allá.

Y… ¿por qué os cuento todo ésto?

Porque me vuelvo a ir. Por tercera vez cogeré un avión a la ciudad de Nueva York y llegaré al JFK. Sólo he estado una vez en la ciudad, la otra fui directa a la familia que vive a unas tres horas de la ciudad y no la pude visitar nada… y ésta vez voy con madre, que nunca ha estado y siempre me echa en cara que yo sí y ella que me dobla la edad (y más) no.

¿Alguno de vosotros ha estado y quiere recomendarme algo en particular?

Yo ya tengo una lista de los CD’s de música y libros que me voy a comprar. Luego hay una tienda que me encanta, Hot Topic, donde compré los pósters de mi cuarto e iré allí a darme una vuelta para ver qué me ofertan que pueda interesarme.

El 18 despego… ¡yupiiiiiiiiiiiiiiii!