Wisteria Lane

En la vida Erasmus tenían todo: vivían sin padres, sin vigilancia, eran independientes, salían de fiesta, tenían dinero, tenían amigos, hacían viajes, salían mucho, bebían cerveza, disfrutaban con los partidos de rudgy, bailaban, aprendían. Algunos más que en sus universidades de origen. Pero faltaba algo. Nadie dijo nada, pero todas sabían que les faltaba algo. Hasta que un sábado por la noche alguien propuso una noche de póker. Y alcohol. Y comida. Pero sólo entre chicas, lo chicos eran bienvenidos, pero era sólo cortesía, no querían de hecho que vinieran.

La primera noche fueron cinco chicas. Lucía se había liado con un griego la noche anterior y ya se habían mandado mensajitos, tenía la necesidad de contarlo. Y después Angelina dijo que iba a tener una aventura con un chico de 30 años. Sexo. Habían quedado en Londres.

– No quiero una relación con él – repetía Angelina una y otra vez cuando sus amigas la miraban.

– ¿Por qué? – preguntó Inés.

– Porque tiene 30 años. No va a querer estar con alguien que tiene 20. Con diez años de diferencia. Cuando él perdía su virginidad yo tenía cinco. Así que…

– Pero si él quisiera una relación, ¿tú sí accederías, no? – Lucía y Angelina se conocen demasiado, y Lucía sabe donde dar para que duela, para sacar la verdad.

Angelina no quiere hablar más de ello, siguen jugando al póker. Habían hecho un pausa de 15 minutos mientras trataban el tema del asaltacunas.

– ¿Cuántos años teníais la primera vez? – quiere saber Brianna.

– 15 – dicen Lucía y Angelina.

– 16 – dice Inés.

– Yo creo que también 16… – dice Brianna.

Hay un silencio y todas miran a Charlotte. Sonríe.

Charlotte tiene 21 años, y es la única del grupo que sale con otro del grupo.

– Mi primera vez ha sido con él – dice finalmente – he tenido otros novios, claro pero… con el que más tiempo estuve, se ponía muy tenso y no conseguía… levantarla.

Y ahí comenzó la conversación, a partir de ahí no hubo tabús. ¿Posturas preferidas? ¿Vosotras tragáis cuando chupáis? ¿Con cuántos lo habéis hecho? ¿Conseguís correros siempre? ¿Vuestra historia de amor que pensabais que tenía futuro y que no llegó a ningún lado? ¿Quién la tenía más grande? ¿Mejores sitios para hacerlo que nos sean la cama? ¿Pero polvo? ¿El más guapo? ¿Cómo cortas con alguien porque es malo en la cama? ¿Alguna vez os han dicho que lo habéis hecho mal? ¿El pito más pequeño? Risas. Alcohol: vino, baileys, licor de café, piña colada. Cuando hay nuevas preguntas se levanta la mano y se sacude en alto.

No se juzga. De hecho se aprende. Aprendes posturas nuevas, cosas que hace la gente, aprendes nuevas formas de querer, historias de amor tan bonitas que tienes que dejar la copa en la mesa porque la emoción te hace temblar. Charlotte cuenta historias preciosas. También porque ha tenido la suerte de vivirlas. El poóer es sólo una excusa para estar juntas, las chicas, y cotillear y comentar ex novios y futuros novios.

Éso faltaba en el Erasmus, charlas con chicas, charlas íntimas.

pd. Obviamente no he puesto ningún nombre real.

El secreto

Edu y Janire llevan ocho meses saliendo. Janire se va a ir en un mes de Erasmus, pero su novio la vuelve loca, así que está dispuesta a irse y no verle hasta Navidad. Tienen pensado hablarlo después, para decidir si seguir o no, si esos tres meses hacen que se quieran más, o todo lo contrario.

Lo que Janire menos soporta de Edu es la forma que tiene de estar con las chicas. Le encanta besar a sus amigas, cosa que Janire sabe, y más o menos controla cuando ella no está tan borracha como él, pero también sabe que él no lo hace con mala intención, que es su forma de ser. Sólo son picos, piensa después de todo. Cuando ve la confianza que tiene Edu con todas las chicas, no sólo sus amigas, ella también comienza a ser muy amiga de sus amigos. Cuando hay demasiado alcohol de por medio intenta que los amigos de Edu tampoco la besen a ella, pero no siempre puede controlarlo todo. No, no tienen una relación liberal, no se acuestan con otras personas, simplemente se dan picos con todo el mundo, tampoco es que sea nada del otro mundo.

Janire es del mismo grupo de amigas que Lucía y Beatriz. Lucía y Bea son mejores amigas, pero para Lucía, Janire siempre fue su ojito derecho. Era la más pequeña de la cuadrilla, la más menudita y un trozo de pan, sí claro, también era la más borracha, la del humor de perros y la gritona, pero le encanta su forma de ser. Una noche en la que Janire y Lucía se fueron antes a casa, Edu acompañó a Beatriz, había traído el coche y bueno, había bebido pero no le costaba nada acercar a Bea. Aparcó el coche en la esquina y se bajó con ella, para asegurarse de que la amiga de su novia llegara bien a casa, por si las moscas dijo. Antes incluso de llegar al portal, Edu agarró a Beatriz de la cintura e intentó besarla. No fue uno de esos momentos de fiesta cuando él decía dame un pico. Aquéllo era más, aquello era mucho más de la cuenta, más de todo. Podía notar cómo la cadera de él se pegaba en ella, estaba puesto. Ella intentaba apartarse y sólo podía pensar en Janire. Al final mandó a Edu borracho al coche, pero supo que a partir de entonces cada vez que hablara con él se acordaría siempre de todo lo que le dijo aquella noche, seguramente lo mismo que le susurraba a Janire cuando hacían el amor. Suspiró.

Al día siguiente llamó a Lucía en cuanto despertó.

– Díselo a Janire, ¡es su novio!

– Pero no quiero hacerle daño. Además se va de Erasmus ahora, seguramente en Navidad lo dejarán, porque visto lo visto seguramente él se tire a medio barrio y con lo que es Janire, seguramente allí hará más que darse picos con los tíos. Dentro de cuatro meses lo dejan.

– Si está con Edu no se va a ir con otros – dijo Lucía al teléfono, mosqueada con la actitud de Beatriz – tendrías que decírselo. Así corta con él ya.

– A ver, NO quiero hacerle daño.

– Tendrías que decírselo, cuando se entere se enfadará.

– No se va a enterar, yo no se lo voy a decir y tú tampoco…

– Se enterará – sentenció Lucía y le colgó el teléfono a su mejor amiga.

Neighbourhood es demasiado pequeño para guardar secretos, así que tal y como había vaticinado Lucía, Janire se enteró.

Historia de dos

Están en un oscuro túnel. Se besan, ella está contra la pared. Lucía se marcha todo el verano a EEUU, cuando vuelva será Roberto quien se vaya a estudiar a Salamanca. Sabían que lo suyo no tenía futuro, que tarde o temprano acabaría su historia. Pero el tiempo había pasado demasiado rápido.

Cuando en Navidad él volvió a casa, se veron obligados a quedar. No sabían qué decirse, pero tenían que quedar. Lo habían dejado como amigos después de todo. Discutieron, siempre discutían, pero aquella vez fue distinto. Ya no podían besarse para hacer callar al otro, ni podían sonreír, sabiendo que éso arreglaría las cosas. Aquellos seis meses les habían cambiado. No eran quienes solían ser, ya no podían ser amigos, no había una base que sostuviera aquéllo.

Un día se encontraron de fiesta en un bar. Ella había empezado a salir con un tío más mayor, guapo y seguro de sí mismo. El mismo tipo de chico del que de haber estado juntos se habrían reído.

– Es el típico creído – habría dicho ella – seguro que es un flipado.

Lucía los presentó. Aquel nuevo novio vivía de Lucía, de su aroma, de su forma de mirar y de bailar. Cuando Roberto les vio de la mano, cuando vio cómo se besaban, cómo ella sonreía, su forma de mirarse y la complicidad de sus gestos, se sintió contrariado. Aquella no era la Lucía que él conocía.

Lucía era fuego, era dominación, gritaba, era irrespetuosa y osada. Lucía odiaba los novios, ella sólo era sexo, sin complicidad ni ataduras. En su relación, el cariñoso había sido él.

Al día siguiente la llamó, «sólo por cumplir».

– ¿Qué cariñosa estabas ayer con éste, no?

– Uhmm… no sé, sin más.

– Conmigo… bueno…

Se quedaron en silencio.

– Es agua pasada – acabó diciendo Roberto.

Colgaron a la vez.

A altas horas

Nos habían cerrado el bar, la mayoría seguíamos meciéndonos con nuestra borrachera, poco a poco se iba deslizando a hasta desaparecer, pero seguíamos atontadas. Publicista estaba sentada en un portal con la cabeza entre las piernas. Hay que saber beber, y hay quien no sabe.

Yo me distraigo mirando cómo uno de los porteros de los bares limpia el suelo, estamos esperando a un amigo que sale de currar en el bar donde hemos estado.

– ¿Necesitáis ayuda con vuestra amiga?

Hay dos chicos a mi lado, visten los dos con gabardina. Uno es rubio y tiene un peinado bastante inglés y el otro tenía el mismo peinado que Pedro Piedrahita, pero con el pelo hondulado.

– No gracias, somos bastantes para ocuparnos de ella.

Sigo mirando cómo la mierda sale del bar, no sé por qué, me parecía fascinante.

Y de repente mi memoria da un salto y recuerdo haberme puesto a hablar de autores clásicos con estos dos chicos. El del pelo de Piedrahita menciona a Allan Poe y yo comento que el semestre que viene le estudiaré. Les digo que estudio Filología Inglesa y me preguntan por qué. Comento que en mi feliz mundo yupi me gustaría irme a Estados Unidos a currar allí como guionista.

– ¿Guionista? – el peinados se adelanta un paso – ¿por qué guionista?

Parecía un interrogatorio. Y yo estaba todavía espesa como para poder explicar bien – y no farfullando y con pobres palabras de una mujer que sigue en su manga – por qué me gustaría dedicarme a ese mundo.

Cuando termina mi explicación el peinados vuelve a abrir la boca, pero el rubio se le adelanta:

– Nosotros somos del mundillo del cine.

– Yo soy guionista, trabajo en Madrid – corrige el peinados.

Le miro de arriba abajo, estábamos en una cuesta, por un segundo en aquella conversación me sentí más importante que él.

– Éste trabaja poniendo hormigón – le miró con cara de superioridad.

(Aquí hay un hueco en mi memoria, pero lo siguiente que tengo en mente fue que hablábamos de series, me preguntó cuáles eran las series que más me gustaban del momento).

– Fringe, True Blood, Dex…

– Así que eres una Lostiana, ¿¿eh?? Fan de J J Abrams – ME INTERRUMPE. ODIO que me interrumpan cuando estoy hablando.

– Sí, sí que me gusta Perdidos.

– ¿Quién te gusta más?

– Joe… pues hace ya tiempo que no veo, no me acuerdo bien de los personajes.

– Seguro que dices Jack, les gusta a todas.

NO SOPORTO A JACK.

– Katie, o Pecas o como se llame… – digo yo.

– Kate o Freckels, en inglés pecas se dice freckels.

El tío era un puro gilipollas. ¿No le he dicho antes que estudio filología inglesa? Siguió preguntándome por qué me gustaba Lost, mientras yo miraba ya desesperada el bar donde tenía que salir nuestro amigo para poder huir e irme a casa. Me contó que había traducido la quinta temporada de Perdidos y que sabía detalles, ¿quería yo conocerlos? NO, GRACIAS, dije amablemente.

– ¿Te hago una pregunta?

– Dime – seguía mirando al bar todo el rato. ¿POR QUÉ TARDABA TANTO?

– Es la pregunta que me hicieron a mí para contratarme para el &%+ª$, donde trabajo – como comprenderéis, no recuerdo el nombre – ¿cuántas pelotas de tenis entran en un avión? Tienes 10 segundos para contestar.

Yo me estreso. 10 segundos, sólo quiero ir a mi cama, 8 segundos, ¿pelotas de tenis?, 7 segundos, ¿pero… no hago mate desde… los 16? ¿Por qué iba a saber yo éso?

– Te quedan 5 segundos.

– ¡800 pelotas!

– Te has quedado corta – dice el rubiales.

– Yo contesté bien – dice con aire de superioridad el peinados – la respuesta correcta es: ¿en qué tipo de avión?

– Uhmmm… – miro a Publicista que sigue con la cabeza entre las piernas.

– Tú piensa, depende del tipo de avión, ¿no? Porque igual entran 3 en el blablabla.

Pensé en un elicóptero donde por lo menos, tenían que entrar unas 100 pelotas. ¿Qué tipo de avión era el blablabla donde sólo entraban tres?

Y entonces salió mi amigo y Publicista se levantó.

Llegué a casa cabreada, me sentía humillada, violada como escritora y dejaba como una completa inútil. Pero hey, por lo menos sé que cuando me hagan ésa pregunta la respuesta correcta es: ¿en qué tipo de avión?

Ahora mi vida tiene sentido.

¿¡Latín!?

Estábamos en el baño, las que fuman habían terminado sus pitillos y no sé exactamente cómo, llegamos al tema de echar de menos latín y griego. Que estando haciendo una filología tendríamos que tener esos dos idiomas obligatorios, sino los dos uno de ellos. Como soy la única de mi cuadrillita de la uni en haber hecho griego, el resto prefería que impusieran latín, más fácil para todos. Incluso para mí, aunque me guste más el griego.

Las tres que habíamos hecho bachiller con latín incluído lo veíamos necesario para la carrera, pero había otra, que había hecho geografía, economía e historia del arte (creo) que no estaba de acuerdo.

La fulminé con la mirada.

– Es que el latín es una lengua muerta que no sirve para nada. Si ya no la hablas…

Las tres de letras puras saltamos a la vez:

– ¿¡CÓMO PUEDES DECIR ÉSO!? ¡¡Latín es la base, estructura de idiomas!!

– Yo creo que es necesaria para cualquier lengua que estudies – sigue una de mi clan.

– Además cosas que yo en italiano veo lógicas, a ti te cuesta pillar – acuso yo.

– Joder, a ver, que será necesario… – se excusa la chica – pero sólo cuando estudias una carrera de idiomas.

Hubo un tenso silencio en el baño. Todas la miraron, incluso las que no habían abierto la boca en aquella discusión. Os juro, que deseé darle un puñetazo. Me sentí ofendida. Normal que luego los letras quedemos como gilipollas si la inmensa mayoría de futuros filólogos de clase no están allí por amor al arte, sino por hacer algo.

– ¿Y tú qué estás estudiando? – pregunta una de las de mi clan mofándose.

– A ver, ya, bueno…

La chica no dijo nada. No tiene excusa para la absurda y estúpida respuesta que ha dado. La incultura se apodera de nosotros poco a poco y no podemos hacer nada por evitarlo. ¿O sí? Quizá ya sea demasiado tarde y nos dé pereza. ¿Se dará cuenta esa chica que no tiene razón?

Y lo peor es que la sociedad se está plagando de gente así. De orgullosos de la incultura. No quiero que mis hijos tengan como profesores de inglés a ineptos de este tipo.

Dios, qué mal me ha sentado.

Volando voy, volando vuelvo

Hasta última hora, no hice todo lo que tenía que hacer, y me acosté a las 00.00, no recuerdo a qué hora me desperté pero sería alrededor de las 6 o 7. Maletas a cuestas, mi mochila mágica (es mi bolso preferido) y al aeropuerto. Madre y yo llegamos las primeras, no había todavía nadie de mi grupo.

Adiós maletas, nos veremos allí. Madre se fue y me dejó sola con gente de mi edad, desconocidos… y yo por aquella época era muy, muy tímida. Pero la cosa no fue del todo mal, Barajas y de allí al aeropuerto de Newyark. Y ahí comenzó mi aventura. La primera, pero no la última vez que pisaba New York City.

Me enamoré de absolutamente todo lo que veía, de la gente, de sus desconocidas vidas, de la magnitud de todos esos rascacielos que había visto en todas las películas situadas en Nueva York. Recuerdo que no conseguía creerme el estar allí, hacía un bochorno que ni en Bilbo hace de ésos (y quien viva aquí sabrá de la tortura de la que hablo). NYC es muuucho peor, es un bochorno que no te deja respirar, que se te pega al cuerpo y es asqueroso, pero no hay mal que por bien no venga, ahora cuando hace bochorno aquí, recuerdo el asco que me dio el de allí, y lo aguanto mucho mejor.

Hay cosas que me parecieron una pérdida de tiempo, como subir al Empire State, a una velocidad inaudita, subes un millón de pisos y se te taponan los oídos. Subí un día nublado y no se veía casi nada…

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La estatua de la libertad me defraudó muchísimo. Ahora entiendo por qué todos esos planos son desde arriba, tomando a esa mujerona como algo enorme, nada más lejano de la realidad. Sí, es grande, pero no más grande que mi edificio que es de tres pisos… (exagero)

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Greenwich Village es digno de visitar, la gente es rara, rara, rara. A veces asusta, pero me encanta recordar todos los extraños que vi allá.

Y… ¿por qué os cuento todo ésto?

Porque me vuelvo a ir. Por tercera vez cogeré un avión a la ciudad de Nueva York y llegaré al JFK. Sólo he estado una vez en la ciudad, la otra fui directa a la familia que vive a unas tres horas de la ciudad y no la pude visitar nada… y ésta vez voy con madre, que nunca ha estado y siempre me echa en cara que yo sí y ella que me dobla la edad (y más) no.

¿Alguno de vosotros ha estado y quiere recomendarme algo en particular?

Yo ya tengo una lista de los CD’s de música y libros que me voy a comprar. Luego hay una tienda que me encanta, Hot Topic, donde compré los pósters de mi cuarto e iré allí a darme una vuelta para ver qué me ofertan que pueda interesarme.

El 18 despego… ¡yupiiiiiiiiiiiiiiii!

My family and other animals

Hoy será un noche aburrida. Mis padres están divorciados, soy hija única y mis primos más cercanos viven a una horita o así. Total, que en Navidad y parodias del estilo somo cuatro pringadillos a sentarnos a la mesa, mis abuelos tienen una conversación de lo más sosa: dinero, cotilleos de la tele, cotilleos de la familia.

Las cosas que más se repetirán serán (porque siempre pasa igual):

ESCENA 1

– ¿Qué poco come la niña, no?- dice mi abuela mirando a mi madre.

– Déjala que coma lo que quiera.

– Es que está muy delgada.

– Mamá, Scry está bien.

– Ya pero antes que estaba así más gordita… ui hija es que en un año te has adelgazado…

ESCENA 2

Digo cualquier cosa y mi abuelo y mi madre me miran y asienten o sonríen, dependiendo de lo que haya dicho. Mi abuela no. Ejemplo de esta noche:

– Me he cortado el pelo, ¿se me nota? – digo.

Mi madre que quiere convencer a mi abuela de que no oye le dice:

– Mamá, ¿podrías repetir lo que ha dicho Scry?

– No ha dicho nada.

– Sí que ha dicho.

– Aaah… yo es que estaba a mi cosa y no estaba escuchando. Pero de todas formas a esta niña no se le entiende nada, es como su padre, no articula nada, no se le entiende.

Miro a mi abuelo.

– ¿Tú me has oído lo que he dicho? – un tono de desesperación se hace oír en mi voz, comienzo a preocuparme. ¿En serio que hablo tan mal?

– Has dicho que te has cortado el pelo, pero no, mucho no se nota.

(Mentira podrida, se nota).

ESCENA 3

– Hija, ¿dónde has dejado la cinta que te dejé? – pregunta mi abuela a mi madre.

– Mamá, tú a mi no me has dejado ninguna cinta.

– ¡Claro que sí! Lo que pasa es que no te acuerdas, a ver dónde tienes las cintas, que rebusco un poco y seguro que la encuentro.

Mi madre señala el cajón de abajo.

– Pero no vas a encontrar nada, no me has dejado una cinta de música nunca.

Resultado: mi abuela lleva 30 minutos buscando una cinta que no aparece en ninguna parte.

– Cariño… ¿seguro que no has dejado la cinta en otro sitio?

– ¡Mamá! ¡Que tú no me has dejado ninguna cinta!

Nos hemos puesto en la mesa  las 21.30, una hora más tarde hemos terminado. ¿Cómo ostias mato yo el tiempo hasta la 1.30 hora en la que he quedado?  Otros años recuerdo haberme puesto a hacer deberes, quizá hoy me vea un capítulo de Perdidos o así… qué agonía por favor…

Feliz año a todos y espero sinceramente que vuestra nochevieja sea MUCHO más divertida que la mía.

En el metro…

Fue hace un par de semanas. Volvía de la uni con una amiga y había una chica a nuestro lado hablando por el móvil.

– Joder tía, es que no sabes qué fuerte. ¿Te imaginas que te pasa a ti?

Yo no presto atención, hay muchas cosas fuertes, pero no por eso tienen que ser interesantes, mi amiga mira por la ventana y yo estoy pensando en mis cosillas, pero parecer ser que siempre tengo una pequeña antenita puesta.

– A ver es que ponte en situación – dice la chica del teléfono – llevas saliendo con un tipo ya 5 o 6 meses y estáis en serio. Y ya quieres que tus padres conozcan a tu novio. Pues ¿sabes que los padres de Vane están divorciados, no? Él conoció a su madre y luego la llevó a su casa. ¿Y te imaginas la cara que se le tuvo que quedar?

– … (no oigo lo que contesta la otra pero el tema ya me empieza a interesar)

– ¡Ya, ya, ya! Es que, que tu novio te presente a su padre y también es tu padre. Pues sí, chica, horrible. Muy fuerte. Que están divorciados y el padre llevaba liado con la madre del novio pues años… Vane está que no se lo puede creer. Y yo flipando.

– …

Yo ya le doy codazos a mi amiga para que ponga antena.

– No sé qué ha pasado – sigue la chica del metro – pero vamos, que está la pobre Vane, en shock y el novio igual. ¡Qué casualidad que tu padre tenga una aventura y vayas tú y te líes con el hijo de esa aventura!

Pues sí, qué mala suerte y qué casualidad.

Conversaciones ajenas

El otro día iba para la autoescuela en metro, con mi música y leyendo el tema 16 cuando oí la palabra guionistas. Oír eso es como oír mi nombre. Una vez en San Fermines alguien no recordó mi nombre pero me llamó guionista y obtuvo el mismo resultado: que me girara cuando me llamó.

– ¿… huelga guionistas?

Alzo la mirada y me fijo en las dos chicas, a 5 metros de mí, el vagón vacío y yo con mi música. Claro, no era plan de quitarme los auriculares para poder oír lo que decían, así que bajé el volumen y agucé los oídos.

– ¿Hay guelga? -dice la bajita que está sentada a la derecha, en frente de mí.

– Sí – dice la otra haciéndose la interesante.

– ¿Y por qué?

– Ah pues… no sé. ¡Pero ya podrían ponerse los guionistas españolesen huelga también! Porque para lo que escriben.

Me quedo mirándola, ya sin disimular. Marco la mandíbula queriendo hacerme la fuerte y mirarla con asco. ¡¡Ponte tú a trabajar imbécil y luego hablamos!

– Es ques es verdad – sigue la alta sabelotodo – para lo que hay y lo mal que están… podrían quedarse en casa y no hacer nada.

Y yo pienso en Hermanos y Detectives que aunque es argentina, es impresionante. Y en Aquí no hay quien viva, que me ha hecho reír como ninguna estupenda serie nortemericana que se considera la cream de la cream.

Si no tienes ni puta idea, te callas la boca.

Guionistas en huelga

Supongo que ya habréis oído la huelga que empezó el primero de este mes en EEUU.

Puede que os parezca lejana, que a nosotros no nos afectará, pero yo el jueves ya noté que House no tenía capítulo nuevo en Cuatro. ¿Y por qué? Tienen rodados seis capítulos, ¿qué pueden hacer ahora? Pues no sé cuándo llegará el segundo de la cuarta temporada, pero Cuatro se las ingeniará para hacernos esperar…

¿Y qué piden? Más dinero. Adivinad… ¿cuánto gana un guionista por cada DVD que se vende de una serie que ha escrito? Teniendo en cuenta que el DVD costará más o menos 20 euros… les he hecho la pregunta a mis amigas y ellas decían: ¡2 euros! ¡3 euros! Pues bien… 3 CENTAVOS. ¿Y cuánto piden? 15 centavos. Hay que ser avaricioso para no dárselo siendo ellos los creadores de las obras.

Las nuevas series serán las más afectadas, todavía no tienen mucho seguidores y si acaban prematuramente, no van a conseguir más. Así que ahora tendremos varias temporadas que terminen con en el capítulo 9, 10 y con suerte en el 12.

He leído en Hablando de series que la tercera temporada de Prison Break que estoy siguiendo, ha emitido su séptimo capítulo y hasta dentro de cuatro meses nos dejan así, mirando la apagada pantalla. ¿Qué bien, eh?

En Estados Unidos los primeros afectados han sido los Late Shows americanos, en los que el guión se escribía contrareloj y ahora están poniendo capítulos repetidos. Pero el gran temor que todos deseamos que no ocurra pero ocurrirá es que nos pongan muchos reality shows, con lo mucho que me gustan a mí.

Echad una ojeada sobre quiénes están en huelga y a qué series afectará…

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Tim Kring, creador de Heroes, acepta que la segunda temporada no está siendo lo que el público esperaba y promete que para la tercera todo «irá a mejor». Heroes se cerrará con 12 episodios.

¿Y qué hacer ahora que nos quedamos sin series? Yo estoy de acuerdo con el consejo que se da en Espoiler: aprovechad para ver series ya terminadas. Yo me estoy tragando y con muchísimo placer: Sexo en Nueva York, A dos metros bajo tierra y Studio 60, que se está convirtiendo en mi serie preferida. Me parece y os lo digo de corazón, una obra de arte. Como para matar a la gente que no sabe apreciarla, y cuando hablo de matar, lo digo en serio.

Creando un mini guión

El director de teatro nos mando escribir un guión en dos minutos de 8 frases para poder representarlo delante del resto del grupo. Tenia que ser un dialogo que pudiera adaptarse a varias situaciones dependiendo con que tono se interpretara…

– ¿Hoy te quedas?

– No se que haré.

– Siempre estamos igual.

– ¿Y es mi culpa?

– Nunca he dicho que lo fuera.

– Estoy mas cansado…

– Pues vete a la cama.

– Buenas noches.

Puede ser captado como una situación de pareja en la que el esta cansado de ella, y no sabe como decírselo, así que deja que las cosas pasen, ella no quiere verlo y se hace la victima. La otra situación seria la de dos amigos que hace mucho que no se ven, uno quiere seguir con la relación, al otro parece que la da igual. Cuando el primero le dice para que se quede («a tomar unas copas»), el otro dice que esta cansado. Uno es con tono borde y el otro con un tono alegre.

No me considero buena actriz, pero cuando Escritora dijo su primera frase, me puse seria y no diré que borde mi mini-papel, pero lo hice como nunca lo había hecho, ¿seria porque yo había escrito el dialogo?

pd. perdonad la falta de tildes, pero mi ordenador no me deja ponerlas todas, el puto botoncillo no quiere funcionar…

On and on

(Para escuchar mientras se lee, no para ver)

Después de ésto, sólo había visto a EL el finde que me lié con RS. Pero vaya si seguía enamorada, vaya si me le salían las lágrimas a recordar todas las escenas de aquel viernes, aquellas sonrisas entre besos, aquellos besos entre sonrisas, aquellas caricias, toda la dulcura, el cariño… pero sobre todo eran los mágicos besos en la noche, porque aunque no os lo creáis, nadie nunca me besó así.

Y ayer en la discoteca le volví a ver, cada vez que pensaba en cómo sería me emocionaba tanto que se me salían las lágrimas. Pero antes de llegar a la discoteca me lo encontré, de frente, sin escapatoria posible y lo menos romántico que os podéis imaginar. No hubo dos besos, ni apelativos cariñosos como los que había antes de aquel viernes… pero no fue tan violento como pensaba. Me reí con sus amigos y pasamos para dentro. Si le veía era de lejos, era de espaldas, no éramos nosotros. No había sonrisas, ni guiños, en realidad no había nada. Hasta que fui al baño y lo tenía a un lado, me revolvió el pelo mientras otro de sus amigos se tiraba a mis pies (tenemos la coña de que debe pisar el suelo por el que paso). Salí feliz de aquella escenas, saboreando el momento, pensando que iba a ser único.

Pero ya hacia el final, cuando sólo quedaba una hora antes de que cerraran mis amigas y yo nos pusimos en corro y adoptamos a uno de sus amigos, que se había perdido del resto del grupo. Y de repente alguien me tapó los ojos, sabía que era él, nadie más haría algo así… pero ¡qué coño! Posé mis manos por sus manos, en sus brazos, su cintura, sus hombros (todo esto al revés) y acabé por tirarme hacia atrás y librarme de sus manos. Me sonríe, tan infantil como siempre. Joder, cómo me encanta.

El círculo se abre y entran en él, yo ya me desconcentro del ritmo, sólo hay música pero en realidad no puedo no mirarle, no darme cuenta de lo mono que es, de lo bajito que es (es de mi altura, pero para ser chico 1.70 es bajito), sonríe, viene y me da un tortazo en la boca (por éso de zas en toda la boca), así que le pego, y me agarra de las manos (como críos…) pero EL es así. O por lo menos es así conmigo, todas esas chorradas eran de antes de aquel viernes.

Y mientras bailaba ausente mirándole me di cuenta de que cuando sonríe le brillan los ojos, que sus labios lo único que me dicen cuando dice que los letrillas no tenemos ni puta idea de nada es que los bese para callarlos… Me he pasado la noche soñando con él y hoy que salgo con los de la uni, puede… y sólo puede que le vuelva a ver… los dos vamos a ir a ver el partido del Athletic.

¿Y ahora qué hago? ¿Cómo le olvido? ¿Cómo no pienso que no es él cuando estoy con otro?

– Qué cariñoso ha estado hoy EL – me dice una amiga.

Asiento sonriente.

– Pero con todas, no sólo conmigo…

Asiente landeando la cabeza.

Joder… ¿cómo lo hago?

Tarde, tarde, siempre tarde…

Llevo ya dos días que tengo que correr para coger el metro al ir a la autoescuela, no pasa nada porque siempre puedo coger el siguiente y llegar 5 minutillos tarde a clase. Pero la uni es otro cantar, antes cogía el metro de y 20 para estar empezar la clase a en punto. Aunque últimamente dándome cuenta de que podía alargarme 5 minutos más en casa, cojo el siguiente que pasa a y 25.

El viernes pasado salí tranquilamente de casa, pobre de mí pensando que a ese paso llegaría a tiempo… así que nada empecé a ir más rápido, pero cuando estaba a 10 metros de la parada lo oí llegar. Corrí esos metros y bajé las escaleras a una velocidad increíble.

Primer tramo, dos zancadas, segundo tramo y un pequeño salto para ganar tiempo.

Patapúm.

El anual del metro sale disparado, los libros que llevaba en la mano salen hacia el otro lado, mi zapatilla cae y yo salgo en  plan superman deslizándome por todo el suelo.

Me levanto de un salto, me pongo la zapatilla, recojo mis libros y cojo el anual y el metro se va…

– Me cauendios… – mascullo cojeando un poco.

5 minutos de espera.

Pero lo que me reí recordándolo… no tiene precio.

Eso sí, ahora tengo dos feas heridas en las rodillas, me recuerda a mi infancia cuando era la niña de los moratones en las piernas… ¡qué tiempos aquellos!

pd. Lo peor es que no aprendo, llego llegando muy muy limada a por el metro… eso sí, ya no salto las últimas dos escaleras, no vaya a caerme :s

Me he quedado fli-pada

7.15 y RS y yo hemos quedado en la plaza para ir a la uni juntos.

Llegamos casi los dos a la vez y por una vez, nadie se ha dormido.

– Buenos días – me dice sonriente.

Me acerco un paso para darle un beso, pero veo que él no se agacha (mide 10 cm más que yo y no estaba como para dar saltitos a esas horas de la mañana) así que alzo los hombros mentalmente pensando: da igual, no siempre nos damos un pico a la hora de saludarnos.

En el metro todo más o menos normal, nos vacilamos un poco, nos reímos.

– Oye… yo necesito un cafecito – me dice – ¿te hace?

– Sabes que no me gusta el café… pero si voy a llegar a clase puntual no me importa acompañarte – digo.

Pero al salir del metro nos encontramos con mis amigas y el plan de el café queda medio suspendido en el aire. Éstas deciden darse el día libre y comienzan a preparar las 6 horas que van a tener sin clases (a mí la conciencia me mata si hago pira a todo el día) .

– Yo me quedo aquí – me dice RS señalando una cafetería.

– ¿No me vas a dar un beso? – pregunto mirando cómo se va hacia el bar y mis amigas siguen andando.

– Es que como te ibas…

excusas, excusas.

Me pongo de puntillas para darle un pico pero me pone la mejilla, me aparto divertida.

– ¡Qué cabrón eres!

Me vuelvo a acercar pero sigue serio y con la mejilla. ¿En serio me está pasando ésto? Le doy un beso donde quiere él y me voy.

– RS ya no quiere conmigo – sentencio ante las dos piruleras.

Las dos se ríen hasta que ven que estoy seria.

– ¿Pero no te ha dicho él para venir hoy juntos?

– Sí.

– ¿Y no te dijo ayer que mañana por la tarde te mandaría un mensaje para quedar?

– Sí.

– ¿Entonces?

No lo sé…

No lo sé… pero me he mosqueado muchísimo… y sigo bastante mosca.

Ya te puedes ir un poquito a la mierda!!

Muy de mañana…

Me remuevo incómoda en la cama: tengo ganas de ir al baño.  Me levanto y miro la hora en la mini cadena.

8:11

– ¡Joder!

Voy al baño y enciendo mi móvil, deseando equivocarme. He quedado con RS en 4 minutos para ir juntos a la uni y sigo en  pijama y con pelos de loca.

Adiós ducha, adiós desayuno, adiós repasarme cien veces al espejo para ver si voy bien.

Me visto a una velocidad inhumana, desodorante, colgate, un lish de Lolita Lempika (el olor es importante) , apuntes y libros de la uni, llave, bolsos y cierro la puerta de casa.

Ando rápido y miro la hora mientras echo a correr (8:19).

– Por favor que no se haya ido… – murmuro cuando al llegar a la plaza no le veo.

Dos días antes él se había dormido (y por consiguiente, no había aparecido) y en el mensaje de la noche anterior me había solaado en plan bromas: «que no se te ocurra dormirte :P»

Pero le veo llegar.

– Llegas tarde – me dice.

– Y tú.

Un beso.

– Me acabo de despertar – digo frotándome los ojos.

– ¿Te has dormido? – se ríe.

– Eres un puto gafe.

Me guiña un ojo… todo va bien.

De fiesta…

Lucía y sus dos amigas acababan de conocer a un chico majísimo: Jon. Ya llevan bailando y hablando con él dos o tres días de fiesta, empiezan a conocerse y a gastarse bromas con cofianza.

– ¿Queréis que os presente al chico más guapo y ligón de mi grupo? – pregunta él.

– ¿Está bueno? – pregunta Lucía divertida por cómo se venden los chicos los unos a los otros.

– Claro y no tiene novia – le dice Jon guiñándole un ojo.

Se va y vuelve dos minutos más tardes con un chico alto, de ojos verdes y con pecas, muy mono, pero nada del otro mundo.

– Esta es la hermana de fulatino – dice presentando a una amiga mía – ella es una de su clase y ésta – añade señalando a Lucía – es la típica guapa del grupo que se liga a todos.

Lucía rió pensando que se trataba de una broma pero se quedó sorprendida al ver la cara de Jon. ¿Ella? ¿La guapa? La última vez que se miró al espejo se vio tan normal como siempre, con esos rizos rebeldes y esos pequeños ojos. ¿Ella ligona? Vale, aquel verano parecía coger un poco de carrerilla, pero nada que no hubiera pasado ya.

Fue entonces cuando se planteó la posibilidad de que los demás la tendrían que ver con otros ojos, sonriente, de fiesta, bailando feliz con sus amigas. Quizá fuera más guapa de lo que ella se consideraba…

SoS!

Después de una fatídica clase de euskera mortalmente aburrida y otra de inglés había que subir dos pisos que parecían las escaleras hasta el cielo. Así que hemos ido el grupito y nos hemos puesto a esperar al ascensor… ha pasado uno, lleno de gente, ha pasado otro que iban hacia abajo y cuando de repente hemos visto uno vacío nos hemos precipitado todos al interior.

Empezamos riéndonos por cómo hemos corriendo dentro como si nos persiguiera el diablo, cuando nos damos cuenta de que el ascensor comienza a bajar la situación empeora y acabamos casi tirados en el suelo riéndonos por lo tarde que vamos a llegar a clase. Se sube una profesora y se baja en el tercer piso.

– Joder… uno más y bajamos.

Pero es que el ascensor ahí se queda, todos riéndonos menos dos chicas que se empiezan a mosquear en serio y comienzan a gritarnos.

– ¡Dejad de reiros que es en serio! ¡Nos hemos quedado encerrados!

– Ya sabía yo que tenía que haber ido en ascensor… – murmura una mirando las puertas.

Intentamos abrir las puertas con el botón este de emergencia: nada. Le damos a la alarma, pero no nos hacen ni puto caso y para cuando lo hacen ya nos ha vuelto a entrar el ataque de risa y no nos entendemos con nuestros rescatadores.

– ¡Yo soy claustrofóbica, esto no tiene ni puta gracia! – grita una intentando que nos calmemos.

Cuando finalmente consigo calmarme y secarme las lágrimas saco mi móvil para ver si tengo conbertura, pero la suerte no está de nuestro lado. Los que tienen cobertura intentan llamar a sus padres que no cojen, a compañeros de clase, a la universidad y a OTIS, pero nada, no hay linea.

– Sólo para llamadas de emergencia – dice el único chico del ascensor leyendo lo que pone en la pantalla de su móvil – pues llamamos al 112 y que traigan a los bomberos de Bilbao.

Más risas.

– Bien, pero llamas tú que tienes más labia – la claustrofóbica se aleja de la rejilla por la que respiraba y le señala con un dedo amenazador.

Pasa el tiempo entre risas y preguntas de…

– ¿Cómo os llamabais?

– ¿Pero tú vas a mi clase?

– ¿Estamos haciendo todos la filología? ¿En serio? ¿Tú también? Joder… no me suenas… ¿en serio que vas a mi clase?

– ¿Qué vais a hacer este finde?

– Creo que voy a hacer un video… ¿os parece?

De repente nos llega una voz lejana:

– ¿En qué piso estáis?

– Tercero… creo – dice la clautrofóbica.

– ¡Ya no tenemos aire! – grita alguien.

– Abrid las puertas que no pasa nada – dice la alumna que está fuera.

Todo esto ya lo habíamos pensado, pero la amiga de la claustrofóbica no quería porque tenía miedo de que cayésemos en picado en plan película.

El chico del ascensor y yo (aunque más bien él solito) abrimos las puertas para poder respirar. Y nos encontramos con alumas mayores mirándonos divertidas, el ascensor está unos 20 cm’s más bajo que el tercer piso, pero como un escalón normal y corriente.

Todos miramos mal a la amiga que no nos dejaba abrir las puertas, media hora estubimos allí… eso sí nadie nos quita las risas que nos hemos echado, ni las miradas llenas de complicidad que ahora nos rodean.

La uni está de puta madre 🙂

In my bedroom

Se acerca despacio agarrándome con dulcura.

– No entiendo cómo los tíos de esta ciudad no hacen cola para salir contigo – dice mientras me besa.

Yo me río, que un chico así me diga eso, es oro puro en palabras.

– ¿Y por qué iban a hacer cola?

– Porque eres increíble… – me vuelve a besar.

Pasando el relevo y asentando un poco la cabeza.

In the streets of my life…

Es lo típico, vas por la calle con prisas y te paran para preguntarte algo, el 90% de las veces para preguntarte por algún lugar o calle, el otro 5% por si tienes tabaco y sino para saber la hora.

Yo soy malísima dando direcciones, confundo izquierda y derecha y como sé que me explicaré mal me pongo nerviosa, lo que empeora la situación.

Iba caminando y escuchando música cuando al cruzar la calle un coche me pita y me preguntar por el ambulatorio, casualidades lugar al que me dirigía, pero como siempre me bloqueo y mi cerebro produce la respuesta en inglés. «The second turning on the left» ¡Ja!

– A ver… – comienzo nerviosa – esta primera calle no, la siguiente a la derecha – digo señalizando a la izquierda y sonriendo.

Me alejo del coche dejando a las dos confusas mujeres mirándome como si fuera idiota.

¡Cómo odio dar direcciones!