¿A dónde, cómo y cuándo emigrar?

Yo, persona con cuatro idiomas, (cinco si contamos mis ridículas nociones de italiano que me fueron muy útiles cuando nos perdimos en Florencia) una carrera de filología y un máster sobre guión… no he conseguido la beca que quería. Sí, supongo que como la mayoría. Una pequeña minoría de 40 lo consiguió este año. La mamma no lo entendió. Dijo que era imposible, que cómo era posible. Tendrán el currículum adecuado, hablarán alemán, habrán hecho una entrevista bastante mejor que la mía que dejó mucho que desear…

Pero no importa, lo que importa es que no me la han dado, y he tenido que recurrir al plan B. El plan B es bastante deprimente porque supone quedarse viviendo aquí, sin que nada cambie. Pero, de todas formas, ¿qué espero que cambie? Si consigo trabajo digamos de guionista en aquella productora para la cual hice una entrevista en verano, no supondrá un cambio radical en mi vida. Seguiré viviendo aquí porque antes de irme de casa tengo que ahorrar, y mis tardes se volverán posiblemente algo aburridas porque mis amigas estarán trabajando y yo tendré mucho tiempo libre. (Y es precisamente cuando tenemos tiempo libre que no queremos hacer nada).

¿A qué estoy esperando? Pues a irme fuera. Eso quería. Y no me lo han dado, así que no me queda otra que hacerlo yo sola. Como cientos de miles de personas lo han hecho antes que yo y otras tantas lo harán después. Cuando estaba en el instituto, y ya sabía que quería estudiar Filología Inglesa, siempre pensé en irme fuera. Extranjero anglosajón. ¿Para qué estudiar inglés a nivel nativo si luego no lo ponía en práctica? ¿Y cuándo mejor que ahora? Ahora que no soy madre de nadie, ni mujer de nadie, ni vivo aún con Chandler. (Por no hablar que Chandler vive muy cómodamente en su casa y no se quiere ir a pesar de tener dinero de sobra para hacerlo).

Así que… ¿qué coño hago aquí? Tengo miedo. Tengo un miedo que me paraliza. Me da miedo no conocer a gente y no hacer amigos. Me da miedo acabar sin trabajo y sin un lugar donde vivir y tener que volver aquí, más deprimida que ahora. Tengo opciones fáciles que seguir. Me puedo ir a Chicago, donde ya tengo amigas, que a su vez ya tienen un gran grupo de amigos, y trabajar en la universidad de lectora de español. Pero Chicago está tan lejos de Chandler…

chicago sunset

Por otro lado, siempre quise vivir en Escocia. Y hoy he pensado que podría mandar mi CV a la universidad para hacer lo mismo que podría hacer en la de Chicago. Además me quedaría en Europa y por lo menos viviría en el mismo ‘horario’ que Chandler.

Sí, Chandler supone un gran problema a la hora de tomar mi decisión. Dice que me apoya, decida lo que decida y haga lo que haga. Pero sé que vaya donde vaya lloraré porque no podré ser feliz dividida. Pienso que ir a Chicago sería sólo durante un año… que podría ser el juego al que jugaba cuando tendré 25 y crearé mil millones de fabulosos recuerdos, podré vivir sola o en compañía, cenaré fuera o cogeré comida para llevar todas las veces que quiera… Pero no doy el primer paso. Me quedo paralizada, sin hacer absolutamente nada, con miedo a todo. Pienso en toda la gente que no veré si me voy a las Americas. Pienso en todo lo que lloverá si tomo rumbo al norte de Europa. Añado a la balanza los acentos, lo mucho que me gustan los británicos y lo vulgar que suena el americano (a no ser que vaya a Alabama y me llame Peggy Sue y suene como los de True Blood. Pero Chicago no está ni remotamente cerca de Alabama).

Sueño con el viaje que queremos hacer Chandler y yo recorriendo EE.UU. y pienso que lo podríamos hacer el verano que viene o el siguiente.

Hay tantas y tantas cosas en tener en cuenta…

Pero yo sigo con mi plan B, sin mover ficha para el curso que viene, para el año que viene.

Sólo sé que no sé nada…

chica libros

Ser guionista no es lo mismo que ser creador

Como soy algo inocente e idiota, di por hecho, sin pensar demasiado en ello, que cuando escribes, escribas lo que escribas, creas. Lo cual en el estricto significado de la palabra, es cierto, pero en realidad, yo por crear, me refería a imaginar escenas, historias, relatos y sueños plasmados en papel o pantalla.

Error.

Puede que consiga trabajo de guionista este septiembre. Es todo a través de un enchufe y seguramente no lo consiga porque a pesar de haber dicho que me llamaría si conseguía vender el producto que yo podría guionizar, no sé por qué me da que no será mi número el que marque cuando necesite esclavos al teclado.

Pero la idea de trabajar en el proyecto me hizo pensar. Durante el Máster hablábamos de los guionistas que en sus buenos días habían trabajado en series españolas y en estas horas bajas escribían para programas de cotilleo de Tele5. Yo era de la opinión de: sacarte un dinero (bien pagado) por escribir tonterías no debía de ser nada por lo que frustrarse o enfadarse, después de todo, te pagan por escribir absurdidades con un puñado de colegas. Pero éso es lo que pensé entonces, cuando tenía dieciocho meses menos y no era consciente de lo que es tener 24 y seguir viviendo con la mamma. Pero no nos desviemos del tema.

Si me dan trabajo en el proyecto eso querrá decir que seré guionista, pero no escritora. Y yo quiero ser guionista porque quiero ser escritora, necesito contar cuentos, puede que sean cuentos de mierda, o cuentos absurdos, divertidos o demasiado infantiles, pero es una necesidad que florece cada día en cada idea y cada pensamiento que tengo. Los hay que son ninfómanos y no paran de pensar en sexo, hay quien no para de soñar con alcohol, yo cada momento que paso sola y hay un mínimo silencio en una habitación, pienso en una historia.

Así que si consigo en trabajo habré conseguido lo que ansiaba durante tanto tiempo pero no en el formato en el que yo quería. Puede que me equivoque porque jamás he trabajado con un grupo de gente ‘de verdad’. Puede que sea súper gratificamente. Puede.

Ya sé de sobra que conseguir el trabajo de tu vida, si es que existe, es un lujo de muy pocos y otros muy pocos se dan cuenta de la suerte que tienen por haberlo conseguido.

Siempre me quedará la hoja en blanco, y el vaso medio lleno… ¿no?

Y 24 años después, me publicaron

Técnicamente, empecé a escribir cuentos con seis. Y empecé a publicarlos en Internet con doce, y empecé a mandarlos a concursos con dieciseis, así que sería Y 8 años después, me publicaron.

But who’s couting?

Este año, año sabático donde los haya, más por obligación de crisis actual que por amor al arte, decidí dedicarme a sacarme el C1 de euskera (¡que ya he conseguido!) el B2 de francés, (cuyo examen tengo mañana) y a escribir. Crear historias, reescribir mierda y darle mejor forma y terminar de una vez la historia de Sue y los merodeadores que empecé cuando estaba en primero de carrera. Intenté escribir a diario, no siempre lo conseguí, pero hice más de lo que he hecho en mucho tiempo. Escribí para mí lo que quise y puede que no cuanto quise pero sí bastante.

Creé una historia sobre Ted Hughes, una historia sobre una madre que hace sombra sobre su hija, la historia de la ilusión de un sueño y un cortometraje sobre unos niños cantantes. Traduje mi mejor cuento a euskera, para intentar ser publicada de una puta vez. Y escribí la sinopsis de un largometraje y su tratamiento en menos de un mes.

Me prometí (y cumplí) mandar por lo menos un cuento al mes (aunque hay meses en los que han sido tres o cuatro) a concursos literarios. Y una vez, encontré un concurso que pedían un microcuento, uno cortito, de tema libre. Vi que tenía suficiente tiempo libre como para poder escribir una pequeña historia sobre una baile, un baile sobre lo que aparenta ser un agresor y un agredido, pero no son humanos, son fuego y son agua. Pero tampoco son materiales. Lo que estaba describiendo mediante un baile era cómo el fuego atrapó al agua y entonces se creó la tierra.

Y coló.

A alguien le gustó.

Y me publicaron.

Claro que el asunto tiene trampa, ya que emocionada por haber sido publicada por primera vez en mi vida pagué 11 euros para que me mandaran el libro a casa, así que en realidad pagué para que me publicaran. Pero no quiero hablar de cómo me han timado. Quiero hablar de que después de toda la vida esperando ver mi nombre escrito en algún lado como persona que puede escribir. Que no sólo dice saber escribir alguna bobada, sino que han publicado una bobada mía.

Guardaré ese libro con cariño, quizá incluso me lo firme a mí misma, para que mis hijos o mis nietos lo lean.

Pero, este año, que prometía ser el primer año que salía de la universidad y conseguía trabajo (¡ja!) se ha convertido en el año en el que di un paso más para poder conseguir publicar algo. Convertirme en la siguiente Neil Gaiman.

Por aspirar a poco.

Auxiliar de conversación o lo que sea

Lo pienso a diario. Aunque intente no hacerlo, lo hago. No puedo parar de pensar qué haré el curso que viene, qué será de mí. ¿Tendré trabajo? ¿De qué? ¿Dónde? ¿Ha servido de algo lo que he estudiado? ¿Para qué sirve saber si luego todo lo que me prometieron desde que estaba en el colegio no se ha cumplido? ¿Y qué hago con mis expectativas?

O lo que es lo mismo, ¿qué hago ahora?

Durante el último mes me he dedicado a hacer dos cosas bastante agotadoras: 1) rellenar la beca para poder trabajar como profesora de castellano en Reino Unido e Irlanda y 2) convencer a Chandler para que se venga conmigo y pida la beca también. Hay pocas posibilidades de que me la den, porque la cosa va por puntos, y los recién licenciados se llevan 7 puntos porque sí, si has estudiado el CAP otros tres, si has hecho cursillos para ser profesor otros 2…

Haber ido al Máster de Guión en Salamanca no sirve para nada. A veces sé escribir. Eso no sirve… (aunque éso no lo descubrí hasta hace bien poco, tortazos de realidad que me estoy llevando este año).

Si mi opción de auxiliar no funciona (ya sería feliz con quedar en la lista de espera) voy a intentar pedir un visado para irme a Nueva Zelanda a trabajar y a viajar. España sólo reparte 200 visados al año así que resulta que también es poco probable que me toque. He pensado pedir la Leonardo el curso que viene para irme en algún momento tres meses fuera. (Reino Unido por favor). Y antes que éso también quiero pedir la Global Training, pero creo que esta última sólo la da el gobierno Vasco. (La diferencia entre Leonardo y GT es que en una te cogen y luego te buscan un sitio donde pasar tres meses y en la otra, si tu CV les interesa te cogen ocho meses de prácticas en algún lugar de Europa).

¿Qué hago si nada de éso funciona? Ni siquiera me lo quiero plantear. He pensado trabajar durante el verano en Francia, de friega platos, de bailarina, de camarera, recepcionista, barrendera… Haga lo que haga seguramente gane el doble de lo que ganaría aquí.

Estoy obsesionada con la idea de marcharme a Reino Unido, Chandler dice que es porque quiero volver a vivir un segundo año de Erasmus (y la verdad es que no le falta razón porque estoy intentando ir a ciudades en las que residen mis amigos de Swansea). Pero aunque espero sinceramente que Escocia (que es donde quiero ir, concretamente Edimburgo) sean la solución, la solución no está ahí. El problema es que nada está saliendo como había previsto, la vida es lo que ocurre mientras haces tus planes, había oído la frase, nunca la había aceptado. Así que tengo miedo de irme, porque no quiero volver triste como lo hice en Salamanca, lugar frío de gente fría, pero aquí siento que me agobio, que me amargo, que estoy desperdiciando mi tiempo, mis ganas de hacer nuevas cosas, de crear de vivir, de trabajar. Ahora tengo ganas de hacer esas cosas, para cuando la crisis ¿se cure? rondaré los treinta y tendré ganas de otras cosas, pero seguramente no serán las mismas que ahora.

Supongo que no soy la única que está perdida, de hecho estoy segura de que es prácticamente toda esta generación… (Por éso Lena Dunham ha creado Girls y tiene tanto éxito, porque todas somos ellas y ellas nos representan a todas).

Y con una reverencia, abandono el anfiteatro por hoy, otro día más… (y peor)

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El día que el mundo terminó y yo me hice mayor

Hoy he tenido que entrar en mi universidad. La última vez que entré fue cuando hice mi último examen, hace ya un año y medio. Obviamente la he visto muchas veces por fuera, pero no es lo mismo.

Recuerdo cuando fui a puertas abiertas cuando estaba en segundo de bachiller y mi madre me contaba cosas que recordaba de su época universitaria. Y me parecía absurdo. No me hacía gracia tener que ir a una universidad privada, no quería que fuera religiosa y temía que mis compañeras de clase fueran unas pijillas de papá.

Obviamente me equivoqué en todo, aunque me empeñé en tener razón durante varios meses el primer año que estuve. Luego empezaron las amistades, los planes de futuro, los erasmus, los novios, los cotilleos, las clases, los idiomas y todos esos recuerdos que creé en los años que estuve estudiando allí.

Hoy a la mañana cuando me he despertado y he pensado: tengo que ir a la uni, me he dado cuenta de que éso hacía un año y medio que no me ocurría. El año pasado tenía clase por la tarde y cuando tenía por la mañana, primero tenía que ir a trabajar, así que desde que dejé Filología no había vuelto a pensar eso.

Me he vestido nerviosa, como si fuera a quedar con alguien a quien tenía que impresionar. Me he subido al metro con un libro, como solía hacer antes, también he recorrido las calles leyendo, sin mirar a mi alrededor. O por lo menos lo he hecho hasta que me he acercado al puente. No solía bajarme en Moyua para ir a la uni, pero el viaje es más bonito por el centro que por la línea recta interminable que es Deusto. Así que he puesto el marca páginas y he cruzado el puente, admirando la arquitectura que conserva todas esas horas aprendiendo inglés, literatura, historia de la lengua, fonética. He mirado por la ventana del cuarto de baño, como solía hacer y me he imaginado la de veces que he tenido la misma conversación con Escritora «sería genial rodar un corto en esa casa». Nunca lo hicimos.

He olido mucho la universidad, no huele demasiado pero sí que tiene ese olor personal que todo y todos poseemos. Olía a esperar a Kukaa para volver en metro juntas, olía a lluvia y a tropezar. Olía a quedarse encerrada en el ascensor y a correr por los pasillos porque llegaba más tarde que nunca. Olía a gente nueva, a erasmus, a risas y a mil cosas más que unas pocas palabras no pueden abarcar.

Me ha gustado ir. Creo que me he enamorado por primera vez de la universidad, ahora que ya no me amarga porque en secretaría hay una cola de más de media hora o porque un profesor no está en su despacho cuando pone claramente que son horas de tutoría. He incluso cantado la banda sonora de Harry Potter mientras me encaminaba hacia el laberinto.

Digo que me he hecho mayor porque supongo que acepto, muy a mi pesar que la época de ser universitaria ya pasó. Que ahora por mucho que siga estudiando, yo sé, y todo el mundo sabe que lo hago porque no tengo nada más que hacer. Porque no hay dinero en este país. Porque yo no soy hija de nadie ni fue nunca la mejor de la clase como para poder estar trabajando en un colegio privado. Ni siquiera fui suficientemente espabilada como para irme a EE. UU. a vivir y hacer un máster y un doctorado allí.

Hoy al mirar los recuerdos me he dado cuenta que ya he pasado el lugar. Que por mucho que desee volver, ya soy demasiado mayor para ello. Tengo que dejar de forzarlo y asumir de una vez que sí, que por muy infantil que sea soy mayor.

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Fotos alumnas deusto muy zorras

Tres personas han llegado a mi blog a través de las frases que he escrito en el título. De hecho he hecho un copia/pega.

¿Qué coño ha pasado en Deusto? Pues por lo que me he enterado, alguien ha entrado muy hábilmente en la red de la universidad y se ha metido sigilosamente en el móvil u ordenadores de la gente para repartir fotos de unas chicas de la uni que estaban desnudas o muy ligeritas de ropa.

Vale, qué putada chicas. No sé quién lo haría ni por qué. ¿Pero es necesario llegar a ‘fotos alumnas Deusto muy zorras’? ¿En serio? ¿Ninguno de los aquí lectores se ha sacado fotos desnudos o desnudas con su pareja o ha hecho un vídeo erótico? ¿No? Pues vuestra vida es triste. Puede que las chicas no hicieran bien en tener sus fotos en sus móviles, pero en algún lado las tienen que tener y puede que en el ordenador de casa no sea el mejor sitio. Aunque parece ser que ya nadie está a salvo de nada una vez estés conectado a Internet.

¿Queréis ver fotos de tías en pelotas? Internet no tiene porno ni nada por el estilo.

Os dejo unas páginas, para que no os vayáis a dormir sin la pajilla habitual.

http://www.4tube.com/

http://www.danejones.com/

http://www.youporn.com/

El resto al que le interese, que siga leyendo.

No acabo de comprender por qué son denominadas zorras las chicas que por amor al sexo y a sus cuerpos se sacan fotos eróticas. ¿Es el morbo y las ganas de follarse a gente conocida lo que hace que la gente ponga éso en Google? ¿Y qué pasa si ves las fotos? ¿Podrás presumir con tus amigos de ello? Joder tío, felicidades. ¿Y qué? ¿Acaso conocías a la chica? ¿Cuando folles con otra persona vas a imaginar la cara de esas chicas?

Todo es morbo. Todo, todo y todo. No hay límites, fronteras o fin a la insaciable curiosidad que tiene la gente por ver desnudos. No es el rollo de ir a una playa nudista, es poder ver a alguien sin que sepa que miras. Somos los mayores voyeurs que la historia del planeta haya visto y tenemos una ventana para acceder a ello con total tranquilidad.

Por no hablar de las cadenas de televisión que rápidamente se han agenciado de las fotos y las han colgado en sus páginas o lo expuso en el informativo. Profesionales de alta calidad, sí señoras y señores, de puta madre. No tienen ni respeto ni vergüenza, y aunque aparentemente lo diga para informar al público, es morbo puro y duro.

Toda esa hipocresía que se crea queriendo verlas desnudas pero luego aparentando respetar a la mujer y a su cuerpo, me da asco. Vete directamente donde la tía, habla con ello y lígatela. ¿Pierde su erotismo y misterio? Así es la vida real.

La poetisa

Tengo una amiga que escribe, aunque en realidad lo que hace es vivir, pensar y reflejarlo en palabras. Cuando hablamos me cuenta sus miedos, sus problemas, aunque supongo que son los de todos hoy en día, todos los que queremos vivir del arte y sabemos que no podremos, porque no venimos de familias dueñas de bancos que aseguran que sus hijos puedan hacer lo que quieran en la vida, desde restauradoras hasta médicos.

Ella ni siquiera es europea, pero aquí vive, sola. Dios, éso sí que me parece valor. Vive en países, con gente, sola, leyendo, absorta y conociendo gente a la que generalmente odia y admira al mismo tiempo, y escribe sobre esa gente.

Se ha pasado la vida trabajando, aunque sólo tiene un año más que yo, y aunque ella dirá lo contrario lo vive todo intensamente y lo transmite de esa manera, el modo que tiene de expresar las cosas, con palabras cortar que significan horas de recuerdos. Mueve muchísimo las manos cuando habla, tiene las manos de madre, echa hacia atrás el pulgar mucho cuando se enfada, pero le dan una elegancia que soy incapaz de describir.

Lee una barbaridad, como a mí me gustaría leer, pero claro, no ve apenas películas y series, y yo no podría vivir sin series, así que leo lo que puedo mientras admiro el séptimo arte y a su prima hermana. Le gusta mucho la poesía, y aunque escribe en prosa, escribe poemas locos, sin forma, con forma rebelde, libres de todo y de nada. Junta ideas con colores, olores con imágenes y realidades con ficción.

Una vez, borracha, le dije que era una de mis mejores amigas, pero aunque las dos vivamos en Europa, lejos una ciudad de la otra, nos vemos poco y no la beso todo lo que me gustaría, ni le digo todo lo que la quiero, ni lo que la admiro. Si fuera otro tipo de escritora, me encantaría escribir como lo hace ella. Aquí, unas líneas que reflejan su estilo.

Pequeñas grandes revoluciones se llama esto:

«La tarde va cayendo en la campiña milanesa. El tren Freccia Bianca en el que viajo va rápido y el cielo anaranjado llama poderosamente mi atención. Una gran sensación de paz, eso me transmite. Sentado enfrente, un hombre joven me espía por el vidrio de la ventanilla, me doy cuenta y sonrío. «Siempre el mismo jueguito de las miradas cruzadas» pienso divertida, sabiendo que es un momento que empieza y muere allí. Como todo. ¿Cómo todo?

Fito me canta el Amor después del amor y sigo sonriendo. ¡Qué loco! Y me río sola. El señor sentado a mi izquierda me observa curioso, debe pensar que tengo algún toquecito, pobrecita. Sin embargo, no parece tenerme lástima, todo lo contrario, creo que envidia algo de esa felicidad efímera en mi sonrisa. Qué loco todo esto. ¿La vida es esto, entonces? Justo unos minutos antes en Milano Centrale leo una frase de Boris Pasternak que dice algo así como que el hombre ha nacido para vivir y no para prepararse a vivir. Me quedo con eso, pensando en todos aquellos momentos desperdiciados, malusados, idos, muertos sin estrenar. ¿Cuántos presentes echados a perder proyectando futuros inexistentes? ¿Cuántos mañanas que nunca dejaron de ser ayeres para convertirse en hoy, ahora, ya? Nunca pasaron a ser presentes tangibles, se truncaron sin razón aparente, así puf paf. 
El sol ya se escondió del todo, pero todavía veo las vías y algún que otro árbol lejano. Vivir el presente, dicen. Lo que tiene de trivial lo tiene de verdadero. Qué loco. Me apoyo sobre el borde de la ventana, y el aire acondicionado está al máximo brrr. Creo que me está gustando todo esto. Son esas pequeñas grandes revoluciones necesarias que llegan un día y te sacuden el alma, estremeciéndote la piel. Cerrás los ojos y las imágenes se agolpan confundidas, si bien te parece todo tan claro. En el fondo, nunca hubo cosa más simple que ésta. Qué loco todo, qué loco.»

Educación y otras utopías

Ayer estuve comiendo con unos amigos y las dos horas que duró la sobremesa fueron sobre educación. Al comienzo empezamos contando anécdotas divertidas: «qué mal hablaba este profesor euskera, que cuando llegaba al verbo siempre soltaba una barbaridad…» «¿Y os acordáis de la de bachiller que no nos hablaba ni una palabra de inglés, ni siquiera cuando le preguntabas?» «¿y la de economía que no se le entendía ni una palabra cuando explicaba?» Pues fueron anécdotas curiosas hasta que nos dimos cuenta de lo triste de la situación.

Todas esas profesoras de instituto, que se supone que nos forman en un momento bastante crítico de nuestra vida, muchas no tienen ni puta idea de lo que están haciendo. Voy a poner el caso de inglés que es el que mejor conozco. Había una profesora, la cual llamaremos la Juan por razones que no vienen al caso, que era incapaz de decir una frase en inglés. El año que nos preparaba para selectividad. Y cuando se le preguntaba algo en inglés, contestaba en euskera. ¿Qué tipo de profesora hace éso? Y doy por hecho de que ha estudiado filología, pero cabe la posibilidad de que no.

Teniendo dos universidades en Euskadi, aquí sólo se puede estudiar en Vitoria o en Bilbado, ayer dio la casualidad de que había un chico licenciado en Vitoria y yo que me licencié en Bilbado. Él dijo que cuando estaba en último curso les hicieron un examen para asegurarse de que todos eran nivel Proficiency (C2) y que mucha gente iba cayendo por el camino porque no tenían el nivel. Por desgracia para la humanidad por he ido a clase con gente que da vergüenza ajena. Que si yo veo que son profesoras en los colegios e institutos a los que mande a mis hijos, los saco de allí. Es gente maja, sí. Pero ser maja no te hace buena en el idioma y mucho menos buena profesora.

Hablamos de la titulitis que hay hoy en día para todo, cuando en realidad lo que importa es el talento. Pero ya que el talento no se puede ni estudiar ni hacer un máster sobre ello (de momento) éso no cuenta realmente hasta que no te pones a trabajar de verdad en el campo. ¿Y qué pasa con la gente que tiene el potencial pero no lo demuestra? Que se van a la mierda. Ese es el gran resumen al que llegamos después de 120 minutos de discusión. Da igual que hayas sido un máquina en tu ingeniería si luego eres incapaz de aguantar la presión que supone currar de ello, da igual que hayas estudiado magisterio simplemente por hacer una carrera y no tener vocación, da exactamente igual porque acabarás trabajando del mismo modo que trabajará el chico al que le encantan los críos.

No llegamos a nada. ¿Qué comento yo en este año de amargura que me ha tocado vivir? No hay que desesperar, si tiene que llegar algo se supone que llegará, ¿no? Y cuando sea el momento podremos mostrar nuestros cuadros, nuestra sabiduría de cuatro idiomas, nuestra velocidad para hacer cálculos de memoria o nuestro arte para organizar eventos. Todo tiene que llegar, porque sino… no tiene sentido nada de lo que he estudiado.

Qué. Genial.

Asco de día

No he tenido un día de mierda, ni una semana de mierda ni nada por el estilo. Pero acabo de salir de la Escuela de Idiomas y por alguna razón que no comprendo, me he rayado. En realidad me he picado porque una cosilla no ha salido como tenía prevista y por desgracia éso ha desatado un mar de mierda de ideas.

Estoy hablando, sí lectores y lectoras, de que no tengo trabajo. No tengo trabajo ni tengo perspectivas de tenerlo, lo cual es aún peor. Es deprimente, la verdad. A mi alrededor la gente hace planes, tiene esperanzas de conseguir ésto y lo otro, consiguen trabajos de lo suyo y aparentemente son felices.

A mí me come la mierda. No pido trabajo como escritora, porque éso no existe. Escribo y mando mis cosas a concursos literarios, pero calculo que con la de gente que tiene que estar hoy en día con poco dinero, debe de haber aún más personas escribiendo a lo que están acostumbrados. Así que aquí estoy, reflejando mi frustración a través de mi blog. Lo que quiero hacer ahora mismo, es trabajar de profesora de inglés, ni siquiera en una academia, sólo pido particulares (me olvido por completo de los colegios, no creo que ahora mismo nadie vaya a contratarme y tampoco tengo yo un horario muy flexible).

He mandado unos 60 CV a productoras. Nada. He dejado carteles para dar particulares. Nada.

Sé que ésto es relativamente normal, y dentro de un rato me pasaré a poner más carteles, pero esta situación me deprime. Me gustaría pasar las vacaciones de Navidad con mis amigos de Erasmus, pero no tengo dinero para ir a verles, de hecho he dejado de tomar algo cuando voy con mis amigas. Voy al bar y pido un vaso de agua, así está mi economía. Me gustaría trabajar de editora, pero para éso necesito un máster, y que sea licenciada en filología inglesa, hable cuatro idiomas y tenga un máster de guión parece que hoy es día es como tener polvo entre mis manos.

Me quejo porque no hay mucho más que pueda hacer, si de aquí a Navidad no consigo trabajo, lo intentaré de camarera en el bar en el que suelo salir de fiesta (ya veis qué maravillosas perspectivas de trabajo, escribir y estudiar de lunes a viernes para trabajar el viernes y el sábado por la noche).

Sé que hay mucha gente como yo, pero como en mi alrededor esa gente no existe, no tengo con quién compartir mis penas. Mi madre ya me está cortando el grifo del dinero en casa y éso tampoco ayuda. Ella a mi edad tenía varios trabajos y vivía con mi padre. Genial. Sólo tenía que haber tenido 20 en los años 80.

También he hecho la prueba para trabajar de forma no remunerada en una revista online sobre cine y tv (por si alguien lo dudaba yo solamente escribiría sobre series).

Y ahora me voy a correr un rato, que es gratis y a ver si así me desfogo.

Sí, ya soy libre

Me puse como fecha límite para entregar mi proyecto de guión el lunes 24 de septiembre. Pero hasta el martes no terminé de repasarlo e imprimirlo. ¿Qué pasó el martes? Llovió como si no hubiera mañana…

Era imposible ir a entregar mi proyecto a Bilbao. El miércoles entonces.

Huelga general.

Pues… hoy.

Iba a ir con Chandler, porque estaba seguro de que algo me ocurriría y que sería incapaz de encontrar el sitio o me perdería o pasaría algo terrible que me impediría entregarlo. Pero al final Chandler no ha podido venir, así que esta mañana me he vestido y he ido yo solita, cual chica mayor.

Por alguna razón que no comprendo, estaba hecha un flan. Un flan os digo. No oía de lo mucho que me robotaba el sonido de mi corazón en mis oídos, agarraba mi proyecto como si fuera mi hijo pródigo. Cuando he conseguido relajarme un poco, he pensado que quizá estaba tan nerviosa porque aquel iba a ser, y será, el único trabajo de guión que tenga que entregar con un tiempo y que si los planetas se alían, cabe la posibilidad de que llegue a buen puerto. Además siendo mañana el último día en el que se puede presentar, ¿qué pasaba si no me lo aceptaban y todo el trabajo de un mes se iba a la mierda?

Entro al edificio de la gran vía. Cojo un número. Vale, 20 personas y me toca. No espera, un momento… ¡120 personas!  ¡Eso es como la mita de mi vida! Gracias a los dioses que me había llevado un libro, y que por lo tanto he esperado en compañía durante 40 minutos (la verdad es que ha ido bastante rápido) y cuando he llegado a mi ventanilla me dice la chica. PERO SI CULTURA LO TIENES EN EL PISO DE ARRIBA, PUEDES SUBIR TU MISMA, O TE LO PUEDO MANDAR YO DESDE AQUÍ.

CUALTURA ESTABA EN EL PISO DE ARRIBA.

No es que yo sea retrasada, que podría haber sido, sino que no estaba explicado en ningún sitio. Subo arriba, pregunto… lo entrego… comprueban que no falte nada…

Falta algo. Por supuesto que falta algo.

Así que mañana he de volver, pero el proyecto ya está entregado, la suerte está echada…

Wish me luck!

Dudas de escritora

Me agobio sola. Pero me agobio, no sé si es algo que hace gente de todas las edades, gente en mi situación o es algo de escritores. Pienso, que aunque sé escribir, que es de lo poco que no hago mal, no tengo nada que no tengan ya la mayoría de otros escritores. (Claro que ésto no lo pienso todos los días, si no jamás podría escribir, cada día me iría hundiendo más y más y un buen día sería incapaz de salir del pozo). Pero aquí está la gran pregunta, ¿qué puedo hacer yo?

Y me refiero a algo que me haga diferenciarme del resto. Podría escribir en euskera, como hace una chica que conozco, por el simple hecho de ganar concursos. Mucha gente escribe en castellano, poca gente escribe en euskera, y de este modo podría tener una oportunidad. Podría hacer lo que debería y leer más que ver cosas, si quieres escribir lee, (si quieres ser guionista lee guiones), pero me parece que no termina de ser suficiente. Yo quiero algo, quiero resultados y los quiero ya. Pero soy incapaz de dejar madurar un proyecto, mimarlo durante un tiempo, darle forma…

Cuando salía de la adolescencia escribía muchos fanfics de Harry Potter (historias basadas en el mundo y personajes de estas novelas) y la verdad es que tenía bastante éxito. Eran historias adolescentes, divertidas, con aventuras y cosas así. Eran muy fáciles de escribir, pero me gustaba. No sería gran cosa, pero desde luego eran entretenidas. Y tengo que admitir que puede que sólo valga para éso, para escribir cosas para adolescentes, que hablen de chicos, de sexo y de las dudas de la edad (¿pero se dejan de tener dudas en algún momento?)

No sé exactamente cuál es el problema, así que no sé darle solución. Sé que tengo que escribir mucho, para escribir mucha mierda y comenzar a mejorar poco a poco. También sé que a esta altura tendría que tener un estilo, ¿no? ¿O no tendría que tener ninguno? La forma de escribir la tengo, pero… ¿se necesita algo más?

Y luego es cuando tienes una crisis y ya llega la peor pregunta de todas. ¿Acaso yo soy una escritora? Para serlo hay que escribir, y escribir ya lo hago. ¿O para ser escritora hay que publicar? La gente dirá que sí. ¿Y un blog no es publicar? ¿Tengo que publicar en papel para que la gente deje de mirarme por encima del hombro?

¿Cómo es éso de ser escritora y no dudar constantemente de ti? ¿Es posible?

Si consigo una solución, os aviso. De momento mañana vuelvo a mis relatos adolescentes, estoy haciendo un parón en el cortometraje infantil que estoy escribiendo.

Y fin. Aunque ésto podría ser el principio.

Lo que pasa en mi casa a la hora de comer

Me llama la mamma para que llegue antes y me ponga a hervir agua, porque ella anda algo justita de tiempo. (¿Justita de tiempo para qué si estamos todos de vacaciones?)

Llego a casa y pongo el agua. Me cambio. Llega mi abuelo. Se cambia. Llegan la mamma y su novio. Dicen que ya se encargan ellos de la comida. Yo me pongo a estudiar francés. Al de veinte minutos (que se dicen pronto), me dice que la comida está lista. Estoy entretenida y tardo dos o tres minutos más.

Era todo una farsa, un simple mentira que incluso madre se ha creído.

Está mi abuelo, hijo de duques y marqueses, sentado en la mesa, esperando a ser servido. Mi madre calentando unas cosillas (que a mí no me gustan) al microondas, y su novio haciendo una salsa para la pasta.

Dos detalles muy importantes que deberías saber sobre mí: me da alergia la pasta. Me dan alergia los lácteos.

¿Qué ha hecho mi madre para comer? Pasta. ¿Ha preparado mi pasta de arroz? No. ¿Qué tipo de salsa han hecho? Una con crema y queso. De puta madre.

Así que llego y me encuentro el panorama que no puedo comer nada de lo que hay encima de la mesa. Me pongo a herbir mi agua mientras el resto come.

Me marcho a seguir estudiando francés (ver como otros comen y yo espero a que mi comida esté lista no es uno de mis fuertes). Minutos más tarde, la mamma asoma la cabeza gritando: ¿¡¡¡PERO QUÉ HACES TU AGUA ESTÁ HIRBIENDO!!!?

Cuando dice tu agua, se refiere al agua que había puesto ella antes y no me había dicho. Me grita porque no me entero. Le grito que no me grite, que de momento no he conseguido el poder de leer la mente y por lo tanto no sé lo que pasa por su cabeza. Me grita que está estresada, que no le grite. Le pregunto (ya no le grito, daros cuenta del detalle) que por qué se estresa que ni siquiera son las tres y está de vacaciones.

Para cuando me he sentado a comer, el único que seguía comiendo era mi abuelo (es casi capaz de empalmar la hora del desayuno con la de la comida con lo despacio que come, una pasada), y la carne estaba fría. Madre me ofrece queso. ¿En serio? ¿En serio?

He recogido mis cosas, he cogido fruta y me he ido a ver Community.

En fin.

De la independencia a la vuelta a casa

Volví de Salamanca con una habitación en las maletas. En casa de la mamma ya había una habitación, con más colorido, más infantil y adolescente y por supuesto más desordenada. Al llegar provoqué que dos mundos colisionaran y creé el infierno en mi vieja habitación. Había encajado todo lo que había en Salamanca en el cuarto de Neighbourhood, y estoy pagando por ello.

Para empezar no hay sitio. Pilas de hojas y de libros se amontonan por todas partes, los pósters de un cuarto no encajan en otro y hay decoraciones en casa de mamma que se han quedado viejas y obsoletas pero que por el recuerdo del cariño que una vez tuve, no las quiero quitar y tirar. Porque las puedo quitar y guardar, pero ¿guardar dónde? ¿en otra carpeta que se apile encima de todas las hojas muertas de risa que ya tengo? ¿y para qué?

Y doy gracias que de todas formas la mayoría de mis trabajos están en mi ordenador… ¿dónde coloco todos esos libros sobre personajes, cine y guión? ¿junto a los libros que heredé de Torres de Mallory y las Gemelas de Santa Clara? ¿Junto a los de Harry Potter? ¿O los saco de la habitación al igual que tuve que hacer con los de Marian Keyes y Ann Brashares?

La cama también es demasiado estrecha. Incluso la ropa… la ropa es algo… mmmm es la misma pero ya no es ropa que estoy acostumbrada a ponerme, he comenzado a repartirla entre mis amigas, al igual que yo me he llevado la suya. Ha comenzado una nueva etapa, la de volver para empezar a… creer que creces.

Después de los recortes deRajoy si ya tenía poca esperanza de encontrar trabajo, después del asesinato al cine… me veo obligada a trabajar (si es que puedo) de profesora de inglés. Se podría emigrar… pero no hay dinero para empezar a buscar. No hay nada ni posibilidad de nada… y yo siento que me come la mierda porque hace tiempo que ya estoy mentalmente preparada para irme de casa, pero no hay con quién irse, ni a dónde irse… Y yo me planteo muy seriamente qué tipo de gilipollas viven en este país que no han organizado una manifestación ingente y han matado a todos los políticos.

Pero yo sigo en mi cuarto de dos colores, preocupándome por cosas como las fiestas de Neighbourhood o si acabaré el corto que estoy escribiendo este verano… porque soy como todos.

Qué bien está hacerse mayor para seguir sintiéndose pequeño.

El largometraje III

El 19 de junio David Muñoz publicó en bloguionistas una entrada sobre el guión que he escrito yo con chico y chica.

Seguro que ya he comentado aquí más de una vez que desde hace unos años llevo el taller de escritura de guión de largometraje del Máster de guión de ficción para cine y televisión de la Universidad Pontificia de Salamanca.

El objetivo del taller es que cada grupo compuesto por tres alumnos escriba la primera versión del guión de una película. Algunos lo consiguen (este año, la mayoría), y otros no. Pero en realidad eso no es lo más importante. Lo importante no es acabar el guión, sino aprender a pensar como un guionista. Y eso es algo que solo depende de lo implicado que uno esté en todas las fases del proceso, independientemente de que pueda llegar a atascarse en alguna de ellas.

Uno de los guiones de este año que están ya listos para caer en las manos de un productor se llama “Chili Queen”. Se trata de una comedia protagonizada por adolescentes bastante divertida.

Y hace unos días les pedí a sus autores, Carmen, Irati y Álvaro, que escribieran ésta sinopsis de la película:

“Ana, como toda adolescente, quiere comerse el mundo. Su oportunidad se presenta en forma de intercambio académico: pasará el próximo curso en Estados Unidos.

Sin embargo, nada más poner el pie en tierra se da cuenta de que las cosas no son como esperaba; ¿dónde está aquella familia de acogida de aspecto chic y sonrisa de anuncio? ¿Quién es ese matrimonio afroamericano, de aspecto campechano, que la espera con un cartel, escrito a mano, en el que a “España” le falta su letra más importante?

Sin más opción que convivir con los Harmons, Ana tendrá que aprender a comer sin servilletas de tela y a aceptar que su nuevo instituto no es, ni mucho menos, como el de “High School Musical”

Junto con Talicka Harmons y su amigo Anwar, se embarcará, casi sin querer, en una cruzada contra las animadoras, capitaneada por la rubia de bote (como no podía ser de otra forma…) Hillary. El duelo: el campeonato bianual “Chili Queen”, un concurso en el que, tras pasar una serie de obstáculos -donde se ponen a prueba las cualidades culinarias, la capacidad de crear discursos sobre la salsa, y se come… se come como si no hubiera mañana- se elige a la joven que será imagen, en prensa y televisión, de la mejor marca de Chili del Estado.

Participar en el certamen supondrá para nuestra protagonista descubrir que las apariencias no son tan importantes y, sobre todo, entender qué es la verdadera amistad”.

Yo añadiría unos detalles que no sé si se entienden al leer la sinopsis:

-Ana, la protagonista, es una pija muy pija. Se ha criado entre algodones y está acostumbrada a hacer siempre lo que le da la gana.

-Básicamente ella cree que va a vivir con una familia como la de “Modern Family” y de pronto descubre que ha aterrizado en una de “The Wire”. Luego se da cuenta de que no es así y que en realidad los Harmons son buena gente, pero durante buena parte del primer acto ese malentendido da lugar a escenas bastante divertidas.

-Una vez en el instituto, Ana es solo una hispana más, o sea, una marginada, y para tener amigos se ve obligada a relacionarse con el tipo de frikis a los que despreciaba cuando vivía en Madrid.

Vamos, que se trata de la clásica historia de “pez fuera del agua”.

Y, por supuesto, el concurso para elegir la “Chili Queen” se merece cualquier adjetivo menos “glamuroso”. La Ana repija con la que se abre la película jamás habría participado en él.

Bueno, creo que más o menos se entiende de qué tipo de película estamos hablando, ¿no?

A mí me parece que se trata de un proyecto con bastante potencial comercial. Ahora solo hace falta encontrar un productor que piense lo mismo.

Y esa es la razón por las que estoy hablando de él hoy aquí.

“Chili Queen” se merece ser algún día una película.

¿Hay alguien ahí?

¿Nadie?

Sigamos.

Entre los proyectos de este año de Salamanca hay uno que me ha frustrado especialmente. Sus tres autores no han conseguido llegar a escribir la primera versión del guión, y sin embargo puede que su idea fuera la más interesante de entre las que se presentaron el primer día del taller.

Aunque el punto de partida con el que estaban trabajando sugería una posible película muy clara, esa no era la que ellos querían escribir, de modo que, buscando otro posible desarrollo argumental que les resultara más satisfactorio, han ido pasando los meses y han llegado al final del curso sin tener nada que les convenciera.

Pero ya se lo dije a ellos en clase: si te ocurre algo así no hay que agobiarse demasiado. Pasa a menudo. Tienes una idea que te interesa, y, cuando empiezas a explorarla, a construir una historia a partir de ella, no llegas a dar con nada que te resulte interesante. Y pueden pasar meses hasta que lo consigas. E incluso es posible que no llegues a conseguirlo nunca.

Repito que lo importante, sobre todo para no desanimarse, es tener claro que esto es algo que les ocurre de vez en cuando a todos los guionistas. De hecho, lo normal es que si eres de los que tantea varios posibles proyectos a la vez antes de decidir cuál es el que va a escribir, de cada tres, al menos uno no te dé lo que esperas de él. Lo peor es que a veces esos parones, ese no saber por dónde tirar, ocurren también con proyectos que en teoría tienes mucho más claros, o incluso te pillan cuando ya has empezado a escribirlos.

Pensando en todo esto, recordé algo al respecto que leí en el libro del making of de “Toy Story”, el primer largo de Pixar, dirigido por John Lasseter en 1995.

Parece ser que en Disney tienen asumido que tarde o temprano es inevitable que el desarrollo de una historia se “atasque”. Según el libro se trata de “un día que suele llegar a mitad de la creación de todos los relatos animados de Disney, un día en el que te das cuenta de que la narrativa tiene grandes debilidades que te obligan a hacer cambios muy importantes”.

En el caso de “Toy Story”, ocurrió cuando los miembros clave del equipo creativo se sentaron a ver la primera parte del story animado de la película y descubrieron que habían tomado muchas decisiones erróneas que provocaban que los dos protagonistas, Woody y Buzz Lightyear, te cayeran fatal. Por Ej., Woody tiraba a Buzz adrede por la ventana, se comportaba sádicamente con el perrito Slinky y en general quedaba como un capullo abusón por el que era imposible sentir empatía alguna. Por su parte, Buzz estaba caracterizado de forma algo confusa. Se creía un héroe espacial, pero a la vez sabía que tenía dueño, con lo que cuando se perdía con Woody lo que deseaba era también volver con Andy. Y no hay mejor manera de quedarse sin combustible narrativo en una “buddy movie” que darles el mismo objetivo a tus dos personajes protagonistas.

Así que el equipo de la película no tuvo más remedio que reescribir casi completamente esa primera parte.

¡Y esto ocurrió cuando ya habían escrito no sé cuántas versiones del guión y los animadores ya habían empezado a trabajar en muchas escenas!

Imaginaros el drama.

La pena es que poder replantearse la historia una y otra vez hasta casi el último momento solo te lo puedes permitir en animación. Como dice en el mismo libro Andrew Stanton, “Ese es el lujo de la animación (…) aprendimos a las malas que lo que hicimos bien fue estar dispuestos a cortar cosas aunque nos parecieran divertidas y a seguir adelante e intentarlo otra vez”.

Por eso, no es extraño que los procesos de desarrollo de las películas de Pixar se prolonguen durante años y que muchas veces los directores que arrancan los proyectos se vayan quedando por el camino (que yo sepa ha pasado dos veces, en “Ratatouille” y en “Brave”).

Pero es que a veces no hay otra manera de encontrar la permutación adecuada de una historia que dedicarle todo ese tiempo.

El problema es cuando ese tiempo no está pagado y das con un productor que más o menos pretende que te pases dos años escribiendo gratis, o casi. Porque cuando ponemos como Ej. a Pixar a veces se nos olvida que esos señores que tanto están esforzándose por hacer la mejor película posible, están cobrando un buen sueldo todos los meses. Se están ganando la vida y se la están ganando muy bien. Pero ese es tema para otra entrada.

En todo caso: o estás muy motivado, o el proceso de reescritura puede acabar con la resistencia del guionista más empecinado.

Imaginemos que ahora mismo hay 100 guionistas pensando en arrancar la escritura de un guión de largo. Pues bien, estoy seguro de que de esos 100 guiones potenciales, solo llegarán a escribirse como mucho cinco o seis. La mayor parte se quedarán por el camino. Y la mayoría serán sobre todo víctimas del cansancio de sus autores, que hartos de tratar de resolver los problemas de la historia sin conseguirlo, abandonarán al sentir que no están avanzando.

Por eso, tampoco quiero dar la impresión de que la única manera de escribir un buen guión es pasarse años reescribiéndolo. Sobre todo porque hay muchos ejemplos (alguno sufridos en mis propias carnes) de lo contrario. Reescribir por reescribir puede ser tan nefasto como dar por bueno lo primero que se te ocurra.

La reescritura compulsiva es otra amenaza que también se cierne a menudo sobre los guiones no natos.

A veces, una historia nace casi “hecha”, más que una idea es ya la base de una película, incluso puede que haya llegado al mundo con una estructura implícita. Vamos, que lo único que hace falta es ponerse a escribirla.

Entonces, nos pasa algo muy curioso a los guionistas, y es que desconfiamos. Empezamos a dudar. Parece demasiado fácil. Así que no puede ser bueno. Y en vez de saltar de alegría porque por una vez se nos ha ocurrido una idea que da para una película sin tener que escribir primero treinta y siete escaletas tanteando su desarrollo, empezamos a cuestionarla. Y en ese cuestionarla, acabamos enredándola y complicándola innecesariamente, hasta que acabamos metidos en un nuevo embolad .

Por supuesto, las dudas suelen provenir más de los directores o de los productores con los que trabaja el guionista, y así ocurre que dos años después de rescribir un guión puedes llegar a encontrarte con una versión que sigue sin gustar y en la que además no queda rastro de la razón por la que lo vendiste.

Y esa desconfianza es algo que he visto muchas veces también en Salamanca.

Aprender a confiar en las ideas propias, en las películas que pueden escribirse con ellas, es también un talento. Ver una obra maestra y reconocerla como tal es fácil. Pero hay que asumir que aunque lo que uno escribe (salvo casos de egolatría extrema) nunca te va parecer tan bueno como lo que han escrito (y rodado) los demás, eso no quiere decir que no vayas a poder escribir el guión de una película que llegue a rodarse.

Por otro lado, no hay que olvidar que acertar siempre es imposible. Si no fuera así, los directores no rodarían mas que obras maestras. Y en todas las filmografías hay películas que no entiendes cómo llegó a rodar el maravilloso director “X”.

Aceptar la propia falibilidad es la única manera de no bloquearse y seguir escribiendo. Aceptar que nos equivocamos, que cuando acertamos a veces no sabemos por qué, que muchas veces no sentiremos decepcionados con nosotros mismos.

Y tenerlo en cuenta te vale tanto como profesional, aspirante o alumno.

Lo importante es seguir intentándolo.

Ojalá mis alumnos de este año Salamanca no lo olviden y dentro de poco sus guiones estén haciendo la ronda por las productoras.

Pase lo que pase, de momento, “Chili Queen” ya está dando la cara.

Lo repito: ¿Hay alguien ahí?

¿Ehhh?

Salamanca terminó

Y el máster de guión también.

Ya soy guionista. Sólo necesito cobrar por ello. Entonces la gente comprenderá que lo soy. (No sé si os habéis fijado, pero si no cobras por algo la sociedad en general no te considera éso, es curioso. Yo quiero ser guionista y lo soy, aunque me pase dos o tres años sin poder ganarme la vida con mi oficio).

La verdad que no puedo comparar este máster con otros, pero de verdad que merece la pena, yo he aprendido muchísimo, por no decir todo lo que sé, a través de él. Esos malditos puntos de giro que al principio los tratas como si fueran una fórmula matemática y luego pasan a ser guías que puedes o no tener en cuenta. Cómo se entra tarde a una escena y se sale pronto, porqué no es recomendable estar siempre aquí, frente al ordenador y siempre es maravilloso salir a vivir y leer, leer mucho.

Salamanca no me ha gustado. No me ha gustado la gente, no me ha gustado la ciudad, no me ha gustado el clima, no me ha gustado mi trabajo. Pero este año… supongo que lo recordaré con cierto cariño, porque ha sido el año de la independencia, donde me he dado cuenta que sé que puedo sobrevivir sola perfectamente, que no depende de nadie para poder entretenerme, divertirme o tirar para adelante. La casa de las conchas se ha convertido en un templo este año, he pasado más tiempo ahí metida que en cualquier otro sitio de Salamanca.

Y bueno… puede que haya exagerado con la gente, no soy una persona fácil de tratar, soy algo arisca, irónica y agresiva. Sólo hay que saber colarse por la rendija, generalmente está bien abierta, sólo hay que saber acertar con el comentario. El viernes fue la despedida, con la gente muy elegante, profesores incluidos, cenamos muy bien y salimos de fiesta, y a medida que la gente se iba, nos despedíamos, a veces de dos en dos, a veces de uno en uno. Y el chico que primero conocí a través de este blog se puso a llorar y me dio muchísima pena, porque es verdad que no lo considero amigo mío, pero le tengo mucho cariño, y ahí bajé mis defensas… y dos horas más tarde, la chica que habría querido tener de mejor amiga del máster me dijo que le habría encantado que hubiéramos sido íntimas, me eché a llorar.

Así que maricona soy.

Pero ya tengo ganas de volver a mi mar, al norte, donde lo verde abunda y la hierba no está muerta y seca, donde no hay tanta pobreza y donde empiezan las fiestas que no consisten en matar a toros como modo de diversión. Tengo ganas de volver a estar con los de toda la vida y contarles con un poco más de calma cómo ha sido vivir aquí, qué me ha gustado y qué no. O puede que no cuente nada, quizá todo haya cambiado y la gente ya no esté muy por la labor de escuchar. No importa, yo sólo quiero volver.

Tampoco puedo decir que me vaya de manos vacías, he hecho una muy, muy, muy buena amiga, que seguramente se convertirá en una persona imprescindible en mi vida, que me invitará a su boda y me hará reír cuando recordamos los tiempos en los que vivíamos juntas y odíabamos a Oihane. (Aunque esta historia será para otra ocasión).

Sé cómo escribir guiones.

Sé cómo enfrentarme a la vida.

Sé hacer planes de viajar con mi nueva amiga, (sé hacerlos a escondidas para que Oihane no se entere).

Y sobretodo… sé que he sido Salamanca y Salamanca ha sido parte de mí. Por muy amarilla que haya sido y por muy verde que sea yo.

Sexo en Nueva York y Girls, quién soy y quién quiero ser

Todo el mundo conoce la serie Sexo en Nueva York, y aunque no la haya visto, sabe que en la serie hay cuatro chicas. Yo escribo ésto para la gente que ha visto la serie.

Está Carrie, la escritora soñadora, independiente y adicta a los zapatos.

Está Miranda, la responsable, rica y solitaria abogada.

Está Sam, la bomba sexual, que espiritualmente es más joven de lo que aparenta, es la segura de sí misma, es la fiestera, la que tiene los contactos.

Y por último – last but not least – nos encontramos con Charlotte, la tímida, encantadora, culta y princesa del grupo.

Tengo toda la serie en casa, cada temporada en original. Maravilloso, me encanta, cuando no sé qué hacer y estoy triste me veo muchos capítulos, cuando no sé qué hacer y estoy feliz, me veo muchísimos más capítulos.

¿Por qué tuvo esta serie tanto éxito? Porque es una serie de mujeres para mujeres. Y como en todos los referentes que ha habido cada chica que ha visto la serie se ha identificado y comparado con ellas. Yo siempre quise ser Carrie, me da igual lo que digáis, sí, a veces es una pesada, demasiado romanticona y una soñadora estúpida. Además su adicción a los zapatos (aunque no comparable) sí que es prima hermana de mi obsesión por los sujetadores. Pero yo siempre quise ser Carrie, y yo creo que lo era. En la típica conversación con tus amigas en el que salía el tema y se preguntaba quién eras, la pregunta era esa, «quién eres» no era «quién te gustaría ser». Y yo era Carrie.

Mis amigas lo negaban. Y se reían que quisiera ser Carrie. Porque confundía quién era con quién quería ser.

– Eres Sam. Eres Sam de pies a cabeza.

– ¡Pero Carrie escribe!

– Eres Sam, Scry, déjalo, porque eres Sam. Puede que Carrie escriba pero aparte de éso, tú eres Sam.

Dios, no yo quería ser Sam. Sam era la putita, la fresca, la folladora, la segura de sí misma… a ver, a ver. Sam… es el mejor personaje. Lo comprendí más tarde, en mi empeño por ser Carrie, nunca me di cuenta de que sí, que era Sam. (Y Sam es un personaje fantástico sin el que la serie jamás se habría mantenido en pie).

Y luego pues crecí un poco más, y maduré… y por desgracia me convertí en Carrie, con mi Mr. Big, mi Aidan, de vuelta a Mr. Big y un largo etc de conquistas… pero no locuras. Mis días de Sam habían terminado, y jolín qué pena me dio.

Siempre fui una mejor Sam que Carrie, pero supongo que son cosas que ahora veo con la edad.

Y ahora supongo que diré lo que todas estáis pensando, ¿y no puedo ser las dos? Sí. Claro que sí. De hecho es imposible no ser una mezcla de todas. Pero yo estaba empeñada en ser una Carrie en todos los aspectos.

Era tonta.

De hecho tengo una amiga de la uni que está convencida de que es Charlotte, cuando en realidad es una gran mezcla entre Charlotte y Miranda. Incluso puede que sea un 60% Miranda y el resto Charlotte.

Pero eso era antes.

Ahora hablemos de Girls.

Las chicas de Girls también son cuatro, pero tienen mi edad, la edad que tengo yo ahora. Y están en la misma situación que yo. Es mucho más posible que pueda ser ellas.

Os dejo la foto para que os hagáis una idea.

Está Hannah, que es la escritora, patosa, dulce, mala amiga, leal e infantil.

Marnie, es su mejor amiga, es la mejor amiga que quieres tener, es responsable, culta, madre de todos y ansiosa por volverse loca.

Jessa, la hippy inglesa rica y maravillosa vividora, que es egoista, sexy, segura de sí misma y que pasa absolutamente de todos y de todo.

Y Shoshana. Shoshana es la virgen, tímida, miedosa, ordenada, solitaria y compañera de piso de Jessa.

Claro que Sexo en Nueva York tuvo cinco temporadas, y cada una de 22 capítulos. Girls lleva cinco capítulos. CINCO.

Pues venga, allá vamos.

Ahora que soy más sabia porque veo más series y porque tengo 23 y no 16… voy a admitir quién quiero ser y quién realmente soy. Me da rabia… porque preferiría ser quien quiero ser y no quien me corresponde, pero oye, no todas nacimos tan increíbles como los personajes inventados.

Jessa. Jessa es mi ídolo, su barra de labios, sus peinados, sus tacones que parece que va descalza. Su forma de ser, tan despreocupada, sexy y ligona con todos. (Puede que sea un 15 o 20% Jessa… pero sólo porque quiero serlo, y ya dijo el Sombrero Seleccionador que tú eres en muchos aspectos lo que eliges ser…)

Pero soy Marnie. Soy la educada, correcta, fiel y buena amiga Marnie. Con su novio de siempre, con su aburrimiento constante con respecto a su relación. (Inciso, Chandler es genial, brutal, fantástico, maravilloso, divertido y todo, pero he estado en el sitio de Marnie y siempre tengo miedo de volver a estarlo).

¿Y qué pasa con Hannah que es la escritora? Sí. Vale. Yo también escribo, pero de cara a la vida soy más que una escritora, soy una Marnie Jessada que jamás ha sido Shoshana y sólo es lapsos demasiado cortos de tiempo es Hannah.

¿Y VOSOTRAS?

Cómo empezar a ver series

Hace un par de semanas estábamos los del máster litrando en casa de uno de clase. Estaba yo sentada con mi cerveza mirando a la gente cuando una chica de clase se me acercó.

– Scry, tengo que hablar contigo.

No puso ningún tono de misterio, así que di por hecho que aquello no era un cotilleo.

– Dentro de poco comienza el módulo de series, y bueno yo claro, como soy de teatro, pues no sé ni de series ni de cine. Porque tú por lo menos de series sabes mucho.

Incho el pecho orgullosa. La verdad es que en cine cuando empezó el máster estaba como un pato al agua, fue horrible. La de horas y horas que me obligué a ver películas para no estar perdida. Ahora ya por lo menos sé de que hablan cuando hacen referencia a cosas.

Pero en series, en series soy un diosa griega. Cuando la gente tiene dudas de series se dirigen a mí. No es en plan exagerado ni nada por el estilo, pero yo noto que lo hacen. Horas de diversión que por fin comienzan a dar su fruto.

Bueno toda este introducción venía a decir que esta entrada será una guía para alguien que quiere empezar a ver series y no sabe por dónde empezar. Trataré de series americanas o británicas, lo siento mucho por Crematorio o Cuéntame lo que pasó o Compañeros o lo que sea. Si hay que ver series con rapidez y no hay tiempo para ponerse al día: (mi opinión personal cuenta, pero evitaré que influya demasiado, no meteré mis series preferidas si no creo que sean necesarias)

COMEDIA

  • Friends (obvio, claro, pero hay gente EN MI CLASE que no ha visto esta serie… gente a la que no acabo de comprender, creedme)
  • Modern Family
  • Community
  • Weeds
  • Misfits

DRAMA

  • The Wire
  • Los Soprano
  • Mad Men
  • Juego de tronos
  • Downton Abbey (O Luther)

Podría meter más, pero he dicho base. Si hay que empezar por una… yo recomendaría The Wire. The Wire es un antes y un después, al igual que Los Soprano, pero a Baltimore le tengo más cariño que a Nueva Jersey. Juego de tronos la he puesto más por lo que va a ser que por lo que es ahora. Y además al tener sólo una temporada se alcanza rápido.

En el área de comedia… podría poner muchas más, pero me he contenido. Esto es para alguien que necesita comenzar a saber cosas de series y necesita comenzar ya. ¿Porqué Community si no la conoce ni su puta madre? Porque a veces está muy bien ser más culto que el resto y Community es una obra maestra. Lo que pasa es que no sabe ser apreciada. Weeds la he metido por éso del humor negro, porque hay que ser un artista para crear tantas temporadas distintas  haciendo lo mismo, y luego hacer lo mismo en distintos sitios y no aburrir al espectador.

Si alguien quiere una lista más profunda, si quiere drama, si quiere comedia británica, lo que sea, me decís las características e intentaré encontrar una lista de cosas que ver.

Pero al contrario que el cine, ésto no se ve en una tarde… ¡cómo me alegro de ser una chica de series!

 

Sí, quiero… ¿no?

Vale, ya sé que soy excesivamente joven para pensar en eso, pero como buena chiquilla, siempre pienso más allá que el presente. He comenzado a leer, de un modo obseso (en serio cada día lo primero que hago es meterme en la página, y a partir del primer momento en el que lo hago por la mañana, me sigo metiendo cada hora o dos horas por si hay un artículo nuevo). Hablo de hellogiggles, la página que ha co-creado mi adorada Zooey Deschanel.La gente que escribe en esta página es más mayor que yo, supongo que rondan los 30. (Pero vamos van desde los quince hasta los cuarenta).

Y hoy he leído este artículo sobre matrimonio, que me ha hecho pensar lo que ya tenía medio en mente, pero apartadito en un rincón de mi cerebro. Ya, ya sé que no llevo ni un año con Chandler, pero llevo unos tres años detrás de él, y uno antes de comenzar a salir intentando que pillara mis indirectas. Bueno con todo ésto os quiero decir que a pesar de llevar poco, ésto tiene pinta de tener bastante futuro. Hemos hablado de ir a vivir juntos y cosas de esas…

Yo, hija de divorciados, nunca pensé poder casarme con alguien. Sino alguienes. No sé si he comentado cómo pensaba que sería mi futuro, pero en resumen viene a ser algo así: antes de los 30 me casaría con un productor, tendríamos uno o dos hijos. Antes de los 35 nos divorciaríamos y poco después acabaría enamoradísima de un guionista. (Depende de cuántos hijos tuviera con el productor tendría uno o ninguno con el guionista). Y con este estaría hasta los 50 más o menos, pero se nos acabaría el amor. Seguiríamos siendo mejores amigos, pero ya no habría chispa y decidiríamos divorciarnos. Y entonces es cuando llegaría el amor de mi vida, un cocinero, y con este último no me casaría porque nos parecería puro formalismo, y duraríamos hasta que la muerte nos separe.

Así que me convencí de que mi vida iría así, y hasta me gustaba la idea, porque de todas formas ¿quién me iba a aguantar a mí durante el resto de mi vida? Soy demasiado pesada, infantil, caprichosa, mandona y vaga…

Pero Chandler quiere casarse. Quiere casarse. Presión, presión en mis sienes, me tiemblan las rodillas. Hablamos de bodas. De matrimonio. Qué miedo. Porque casarme con tres tíos no importa, porque sé que no durará para siempre. Pero si es para siempre es cuando me tiemblan las piernas y se me congela el corazón.

Dios qué miedo.

Porque si te casas convencida de que es para siempre, y luego resulta no serlo, es cuando la catástrofe reinará por toda mi cabeza y mi vida. Y con lo que me gusta a mí vivir en un caos controlado… no, no, no… no podría. Qué putada que la vida sea algo que no se controla. O qué maravilloso, todavía no estoy segura.

Claro que podríamos vivir juntos sin estar casados, con treinta hijos y mucha felicidad, peeero… ¡¡¡Chandler me ha dicho que quiere casarse!!! Arg… ¡hombres! ¡Son las mujeres de hace cincuenta años!